‘Vínculos turbios’
El Presidente lleva una semana tratando de distanciarse de su imagen internacional de ser cómplice, promotor y aliado del narcotráfico en México.Por eso habló tan estridentemente en el Zócalo sobre ese tema.
En un discurso estrictamente electorero, el presidente López Obrador habló en una ceremonia cívica en el Zócalo sobre energéticos, continuismo, elecciones y oligarcas. Mencionó específicamente al expresidente Felipe Calderón, señalando “que ya no es tiempo de vínculos turbios entre el gobierno de México y las agencias del gobierno de Estados Unidos”. A continuación refirió que “ahora no hay simulación, de verdad se combate a la delincuencia organizada y de cuello blanco porque no existen relaciones de complicidad con nadie”.
El Presidente lleva una semana tratando de distanciarse de su imagen internacional de ser cómplice, promotor y aliado del narcotráfico en México. Por eso habló tan estridentemente en el Zócalo sobre ese tema. Porque el Presidente sabe que un estudio indiciario serio sobre su gobierno fácilmente llegaría a la conclusión de que su gestión, no sólo es complaciente con las organizaciones criminales, sino que, incluso, la crecida influencia de éstas ha corrido a la par de acuerdos electorales que benefician al partido oficial y a los cárteles por igual.
Utilizó la frase “vínculos turbios” queriendo que posáramos la mirada en el pasado y para que dejáramos de pensar en el presente. Pero es un acto presidencial fallido. Resulta imposible dejar de reparar en actos del presente, estando tan vigentes en la memoria colectiva.
El fenómeno más contundente hoy en día son las movilizaciones de elementos de las Fuerzas Armadas, en activo y en retiro, y sus familiares, protestando por el trato recibido por sus elementos cuando actúan conforme al manual de su entrenamiento. El Presidente afirmó que ya no existe el “mátenlos en caliente”, pero el manual indica que si un retén militar marca el alto y, en vez de detenerse, el perpetrador huye, la instrucción es acabar con ellos, porque algo sospechoso traen.
En Tamaulipas, elementos de un retén militar mataron “en caliente” a cinco jóvenes. La protesta de los elementos del Ejército es porque existe una incongruencia en la política del Presidente ante el crimen organizado. Por un lado, insiste en un trato benevolente con los integrantes del crimen organizado “porque son personas”. Por otro lado, en vez de actuar como militares, les exige que pretendan ser policías de proximidad. Esto último no tiene nada que ver con la formación ni con la instrucción de manual por la que se guían los militares en rondines.
Existe una diferencia abismal entre el entrenamiento de un militar y el de un policía. Ante una emergencia, un militar dispara, mientras que un policía averigua. Son dos mundos conceptuales distintos. Y los soldados y sus familiares que protestan defienden la lógica del entrenamiento militar que recibieron.
Si el problema a definir es tan claro, que hasta la base militar lo entiende, entonces por qué no lo entiende el Presidente. Seguramente sí lo entiende, pero sus compromisos no le permiten asumir las consecuencias que significa mandar la tropa a ponerse en peligro y controlar, pero no disparar ni defenderse.
El Presidente tiene una relación especial con el Cártel del Pacífico. Viaja con frecuencia y sin testigos a la zona que domina, en Badiraguato, tiene un diálogo personal y epistolar con la madre y el hermano de El Chapo y no quiso que el Ejército atrapara a Ovidio. Según informa un medio informativo de Estados Unidos, el Presidente envió al secretario de Gobernación a Sinaloa para explicar que la detención de Ovidio no fue culpa del Presidente. Y se justificó ante el cártel diciendo que fue una acción impulsada por Biden. La cobardía se monta en la mentira para ocultar los vínculos turbios.
Cuando AMLO habla de” vínculos turbios” debiera revisar quiénes de su propio entorno están manteniendo esas relaciones turbias con agencias de Estados Unidos, al margen de sus instrucciones. Son varios del ámbito de la seguridad que no creen en la hipocresía presidencial.
El Presidente insiste en que su manejo de la seguridad pública y nacional es diferente a lo que fue en tiempos del neoliberalismo. Pero cada día que pasa se confirma la falsedad de sus dichos. Todo sigue igual, excepto que él es el único que usufructúa de la corrupción y el poder presidencial para mover sus intereses, tanto personales como políticos.
Los “vínculos turbios” existen y emanan desde el Palacio Presidencial.
