Una ministra útil, pero desechable

La importancia de la independencia de la SCJN no puede exagerarse. Es crucial que ese órgano sea capaz de ordenar la conducta de los necios del Poder Legislativo, que aprueban leyes a todas luces inconstitucionales.

El caso de la ministra plagiaria, Yasmín Esquivel Mossa, se niega a desaparecer. Crece y cada día se hace más notorio. Es el elefante en el centro de la sala de deliberaciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Es la interrogante en la cabeza de todos: su participación podrá conllevar la anulación de todas las decisiones en las que participa una ministra amparada, una ministra ilegal que no debiera serlo, pero lo es porque se niega a renunciar.

Si bien el caso no está resuelto en ninguno de sus términos, es un tema presente cuando la SCJN deberá tomar decisiones, literalmente, fundamentales sobre el futuro de la permanencia, o no, de la democracia en México. Es preocupante en extremo que las decisiones estén en manos de una ministra cuya vulnerabilidad a presiones y coacciones nunca había sido tan evidente. Su independencia es nula; la autonomía de sus decisiones es un chiste de mal gusto.

La importancia de la independencia de la SCJN no puede exagerarse. Es crucial que ese órgano sea capaz de ordenar la conducta de los necios del Poder Legislativo, que aprueban leyes a todas luces inconstitucionales y, por tanto, ilegales. Y que sea capaz de decirle ¡no! a un Presidente que atropella todo lo que encuentra en su camino para instaurar un régimen controlado por él y su familia. Es la réplica triste de un México supuestamente ido. Hoy amenaza a México el regreso al régimen de los caudillos del siglo XIX, guiado por reglas unipersonales y basado en los apetitos irrefrenables de los sátiros de la política y de la vida personal de la población. Amenaza con regresar al sistema que justificaba el derecho de pernada del patrón. Eso nos ofrecen los bárbaros del sur.

Ese México de caciques, matones y crueles destructores de pueblos enteros servía para satisfacer necesidades de acumulación de riquezas personales. No de acumulación de capital, porque no aspiran al desarrollo de una nación. Aspiran sólo a la riqueza personal, tal y como lo hacían los conquistadores de estas tierras. La acumulación de capital vino mucho después. No quiere detenerse ante nada. La expresión más cabal de ese sistema que busca nacer es la ministra Esquivel, que se niega a ceder su puesto a pesar de haber sido fotografiada robando la vitrina de la tienda.

La ministra no siente remordimiento ni pesar por haber sido descubierta en el hurto más público de muchos lustros. No renuncia porque su padrino, el Presidente, tiene demasiados compromisos hechos y consolidados con el “hacedor” de sus acuerdos: el constructor favorito del sexenio, Riobóo. A la postre, resulta que es también el marido de la ministra. La República se hinca ante el pedestal de este trío, unido por un enjambre de convenios inconfesables que no se pueden deshacer.

Recientemente, como no queriendo desmentir “algo” en el contexto de la crisis de credibilidad de su principal ministra en la Corte, el Presidente confesó en cadena nacional que tres asesores centrales al inicio de su gestión le recomendaron terminar de construir el aeropuerto de Texcoco. Pero, dijo el Presidente, el pueblo “votó” porque no se hiciera el aeropuerto, y que él siempre obedece el mandato del pueblo. Pero eso es una mentira.

En realidad, quien le dijo al Presidente que no se siguiera con la construcción del aeropuerto de Texcoco fue el mismo Riobóo, quien, a la postre, terminó siendo el constructor privilegiado en la obra del Aeropuerto Felipe Ángeles. Fue una decisión tomada en función de los negocios que convenían, tanto al constructor como al propio Presidente de la República. ¿Qué otra explicación puede haber, considerando que el propio Presidente confesó públicamente que no tomó en cuenta la opinión de sus principales asesores?

El Presidente no le va a permitir a la ministra renunciar, a pesar de su descrédito público y profesional, hasta en tanto la SCJN resuelva sobre el caso de las impugnaciones al inconstitucional plan B del Presidente. Requiere la presencia de la ministra en la Corte como dique de contención para que no se invalide la propuesta presidencial.

Después de eso, es casi seguro que la ministra tendrá que enfrentar su destino sola.

Temas:

    X