Un año…de incertidumbre
Todo está en la fraseología: uno es potentado y el otro es camarada de partido. La idea era que todos voltearan en otra dirección, lejos de Morena.
Pululaba por el Zócalo la presencia de Andrés Manuel López Obrador. El micrófono era de ella; la línea, de él. Lo que no se mencionaba eran los casus belli de él; ella enfatizó sus propios logros, aunque acotados. La pregunta en el aire era: ¿el informe explica el séptimo año de López Obrador o el primer año de Claudia Sheinbaum?
Sheinbaum se refirió a López Obrador como si él fuera el Presidente. Ella misma, a propósito, o inconscientemente, propalaba la idea de la presencia de López Obrador como factótum del poder y del gobierno. Acusó, incluso, que quienes cuestionan su subordinación a López Obrador es porque quieren destruir al movimiento.
Ella glorificó todos los logros legislativos del Congreso de la Unión. No era necesario que dijera “era la agenda legislativa del expresidente”. Se sabía que todo era del proyecto del sexenio anterior. Eso habría significado confesar un continuismo sumiso, cosa que no es políticamente posible ni factible. Una mujer líder no puede confesar, menos públicamente, que está dedicada a continuar un ideario político de un hombre.
Por supuesto que el gran logro, una vez más, son los programas sociales que impulsó López Obrador y que continúa Sheinbaum. Se explica por su potencia política: esos programas son el instrumento electoral por excelencia. Son el basamento de la fuerza y continuidad de Morena en el poder, a nivel federal, estatal y municipal. Ese dinero representa continuidad en el poder. Pero quitan al resto de los servicios sociales que deberían recibir los ciudadanos: salud oportuna y con medicamentos, además de educación de calidad y moderna. Esto es así porque no existen suficientes ingresos fiscales para cubrir todas las demandas sociales de los ciudadanos. Reiteró que quien “roba” (sic) al pueblo deberá pagar. Es una frase eufemística y deliberadamente vaga, porque evade lo que subyace en el fondo de la crisis que enfrenta su gobierno y su movimiento. A saber, que se ha acreditado la relación estrecha entre el narcotráfico y líderes políticos de Morena. Y eso no lo tocó.
Pero sí utilizó el cambio de la Ley del Amparo para decir que servirá para evitar que potentados evadan pagar sus impuestos. Era obviamente una referencia a su objeto de odio favorito: el empresario (ahora convertido en potentado) Ricardo Salinas Pliego. Y obviamente no era una referencia, por ejemplo, a su camarada de partido, Adán Augusto López, quien fue obligado a confesar que no había pagado sus impuestos correctamente. Todo está en la fraseología: uno es potentado y el otro es camarada de partido. La idea era que todos voltearan en otra dirección, lejos de Morena.
Declaró a López Obrador “un hombre honesto y comprometido”. Al decir esto, deslindaba a todos los morenistas de cualquier acto de corrupción, y dejó. implícitamente, la pelota de la corrupción en la cancha de “los potentados”. O sea, lejos de su partido y movimiento.
Exaltó la política de seguridad, sugiriendo que era una continuidad de la política de seguridad de abrazos, no balazos de López Obrador. Casi declaró en retirada al narcotráfico, en una euforia desbordada y ajena a la realidad. Era, en realidad, un mensaje para Trump. Y para ver si los estadunidenses, tan ingenuos como son, se tragan el cuento del cambio de estrategia y la retirada de los terroristas de los cárteles. No era la intención presidencial que los mexicanos creyéramos ese cuento del narcotráfico en retirada, cuando la realidad de cualquier familia con los ojos bien abiertos sabe que es todo lo contrario. El narcotráfico, metido en el huachicol, es el socio preferido del gobierno.
Después de escuchar al discurso de la presidenta Sheinbaum, repleta de menciones a López Obrador y una defensa a ultranza de su gobierno, es tan fácil concluir que estamos en el séptimo año de López Obrador, y aún falta por llegar el primer año de Sheinbaum.
Todo ello recubre la gestión de Sheinbaum de una gran nube de incertidumbre. ¿Quién realmente gobierna y hacia dónde nos quiere llevar? El Informe no sólo no respondió a la duda, sino que la ahondó.
