Ultranacionalismo entra en escena
Ambos ultranacionalismos, el de EU y el de México, saben que mienten
El ultranacionalismo asoma su cabeza en las relaciones entre México y Estados Unidos. El trumpismo y el obradorismo se posicionan para enfrentarse con narrativas ultranacionalistas para ganar ventaja en sus respectivos procesos electorales internos por la Presidencia. En junio de 2024 para México y pocos meses después, en noviembre, en EU, habrán de verificarse las elecciones para elegir nuevos presidentes en ambas naciones.
Se empieza a escuchar desde las gargantas de Trump y de AMLO andanadas de descalificaciones furiosas de un lado a otro. Y una cosa parece ser una certeza: el vitriol ultranacionalista crecerá conforme se acercan las elecciones, de ambas partes.
De parte de EU ya se ha hecho presente esa narrativa ultranacionalista, aparte de Trump, en la forma de discursos de exfuncionarios de su gobierno y de propuestas por parte de legisladores, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Para empezar, el fiscal general en el gobierno de Trump, William Barr, propuso utilizar la fuerza militar estadunidense para destruir a los cárteles mexicanos, afirmando que López Obrador es aliado incondicional del narcotráfico.
Dos republicanos, Michael Waltz y Dan Crenshaw, presentaron una iniciativa de ley que le permitirá al gobierno declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. De aprobarse, se facultará al Ejército estadunidense para usar armas de su país en contra de ellos. Y el senador Lindsey Graham propuso una iniciativa de ley en términos parecidos al Senado, alegando, entre otras cosas, la “probada” cercanía de AMLO al crimen organizado mexicano. Esta línea de ataque ultranacionalista pretende llevar a Trump de regreso a la Presidencia de EU el próximo año.
Es de notarse que la Casa Blanca dejó en claro su oposición a la declaratoria de los cárteles como “terroristas”. Señaló que ésta no le ofrecería a EU adicionales instrumentos prácticos que aquellos con los que actualmente cuenta y, además, complicaría las relaciones con el gobierno de México. Tampoco opinó sobre la idea de la cercanía de AMLO con el crimen organizado. Se escucha furia del lado de los trumpistas y prudencia de los demócratas. En México, la Presidencia calienta motores para impulsar una virulenta narrativa ultranacionalista. Su alegato, aprovechando las amenazas ultranacionalistas de los republicanos trumpistas, girará en torno a la defensa de la soberanía nacional, en contra del intervencionismo armado al país y promoviendo una apasionada defensa del Ejército mexicano, especialmente en su tarea de usar todos los instrumentos necesarios (especialmente el sistema Pegasus) para recabar “inteligencia sobre los enemigos de la nación”.
El Presidente agregó nuevos alegatos. Convocó a una “megamovilización” el 18 de marzo para conmemorar la expropiación petrolera, claro, financiada con dinero público. La idea original era contrarrestar la movilización de los opositores al plan B, pero con los ataques de EU el sentido cambió. Ahora se inaugura una nueva línea de ataque de AMLO sobre las amenazas a la nación, la confirmación de la soberanía energética como “alma” de la nación y la decisiva confrontación entre los defensores de la nación y los vendepatrias en la forma de opositores a la 4T. La intención es que este ultranacionalismo retórico le permita a Morena retener la Presidencia, pues la evaluación de su gestión no lo garantiza.
Transitando hacia una etapa alucinatoria, AMLO advirtió a los republicanos que, de no corregir sus malos pasos, él “ordenará” a los mexicanos en EU a no votar por ese partido. Cree tener ese poder. Ambos ultranacionalismos saben que mienten, pues EU no va a mandar a sus marines a México. Pero vaya que la amenaza sirve a sus narrativas para ganar las elecciones. Es, en el fondo, la coincidencia de método entre populistas de derecha y de izquierda, que les permite enfrentarse sin afectar en lo más mínimo sus profundas identidades y alianzas. Ante ellos, urge la prudencia, la calma y la firmeza en el rechazo al oportunismo populista.
