El tiempo para decidir se acaba
Una Presidencia burocráticamente fuerte, pero políticamente débil, presagia situaciones negativas para México en el corto plazo.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
El presidente Lázaro Cárdenas expulsó del país al expresidente Plutarco Elías Calles un 10 de abril de 1936, 16 meses y unos días después de haber asumido la Presidencia de la República. El expresidente se había convertido en un freno al proyecto de gobierno que Cárdenas quería impulsar. Ese hecho trajo consigo enseñanzas para futuras generaciones: si el Ejecutivo federal no ejerce a plenitud su poder, entonces no gobernará al país. Hoy, López Obrador pretende controlar el ejercicio de la presidencia de Sheinbaum, ya sea a través de legisladores, miembros del gabinete federal, algunos gobernadores, incluso de las FA.
Esto plantea un reto existencial para la presidenta Claudia Sheinbaum. Entre otras cosas, porque es mujer. Sujetarse al dominio del macho que controla el partido Morena desacreditará el papel efectivo de las mujeres en la política. En el ámbito político implica que su papel como presidenta es seguir el manual y mapa ideológico que redactó AMLO hace tiempo. No se admiten variantes posibles al guion. Hasta ahora, a 14 meses de haber asumido la Presidencia, Sheinbaum se encuentra ante el mismo reto que enfrentó Cárdenas, y casi en la misma línea de tiempo. Con las elecciones intermedias en el horizonte próximo, la tensión política se incrementa dentro de Morena. Cárdenas actuó como militar; Sheinbaum tendrá que actuar como política.
La ventana de tiempo para decidir si permanece como rehén del maximato o se libera de esa amenaza se cierra rápidamente. Los tiempos electorales de 2027 están encima. El debate sobre quién palomeará las listas de Morena ya se abrió: ¿será AMLO o la Presidenta? La reforma electoral tiene sentido para la Presidenta sólo si es ella quien palomea las listas. De no ser ella, no tiene sentido llevar a cabo ese ejercicio, pues implica muchos costos políticos. Las condiciones internas de México son de una crisis contenida, pero que podría explotar en cualquier momento. La violencia criminal sigue descontrolada, los barruntos recesivos de la economía están mostrando su peligrosidad, el descontento social es volcánico y la Presidenta tiene un control escaso sobre sus propias filas políticas. Una Presidencia burocráticamente fuerte, pero políticamente débil son realidades que presagian situaciones negativas para México en el corto plazo. Para EU, México es un caso de Estado casi fallido, por la relación estrecha entre políticos y narcotráfico. Y Cuba, el otro vecino, es un Estado desmoronándose de manera acelerada. Concibe a los dos países limítrofes al sur como peligros de seguridad nacional. Washington pretende “ordenar” la totalidad de la Cuenca del Caribe, convirtiéndola en una zona segura, desde su punto de vista. Para lograr su objetivo, considera que el “desacoplamiento” de la política y los políticos mexicanos con el narcotráfico está en el corazón del conflicto bilateral. Así lo ha expresado Trump.
La expresión de una vocera de Morena defendiendo al narcotráfico “por ser un importante generador de empleos en México” reforzó la percepción internacional de la alianza funcional entre la política y el crimen organizado. Así, resulta incomprensible que la Presidenta desafíe a Washington con envíos masivos de gasolina a Cuba. Considerando los graves problemas internos en México, incluyendo la debilidad política de la mandataria, parece temeraria su acción. A menos que busque provocar a EU para que realice acciones extractivas en México, llevándose políticos morenistas presos, que casualmente son un estorbo para ella.
¿A quién o quiénes buscaría eliminar de su mapa político para poder definir las candidaturas de Morena en el 2027 y, por añadidura, limpiar el camino para poder ejercer el poder presidencial a plenitud? ¿López Obrador y familia? ¿Adán y socios? ¿Gobernadores incómodos? ¿Monreal y familia? ¿Quiénes más están en las listas de las fiscalías estadunidenses? De ser cierta esta hipótesis, es una apuesta riesgosa y potencialmente desestabilizadora. Pero quizá sea la única ruta que tiene para liberarse del control político que la ahoga. Así, podrá indignarse con EU y defender “la soberanía”, pero podrá también empezar a respirar más tranquilamente. Hará sus listas de candidatos al 2027 y seguirá gobernando a través de acuerdos con la oposición después del proceso electoral. La ventana de oportunidad se cierra. El tiempo para decidir se acaba.