Sumisión o no sumisión: ésa es la cuestión

¿Acaso ése es el debate? Sumisión o no sumisión

Los políticos de la 4T tratan de explicar lo que viene con el cambio de mando entre AMLO y Sheinbaum. ¿Es cambio sin cambio? ¿O es continuidad con cambio, pero continuidad al final de cuentas? Si el cambio de gobierno entre el mismo partido en otros países no genera confusión, ¿por qué en México sí estamos atribulados ante una definición de algo tan aparentemente sencillo?

Lo estamos porque, en realidad, estamos atrapados por otra pregunta más difícil de resolver.

AMLO definió el problema, al mismo tiempo que lo complicó. En una gira por Oaxaca para “presentar” a la próxima Presidenta, aseguró: “Ahora ya se consume la primera etapa de la 4T… ahora viene la continuación de nuestro proyecto sin cambios…”. En respuesta, Sheinbaum le prometió: “Dar continuidad a la transformación, que significa dar continuidad (sic) a los principios con los que ha gobernado López Obrador… y no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.

Acto seguido, López Obrador espetó: “No aspiro a un maximato, ser el hombre fuerte, líder moral y mucho menos cacique…”. Al hablar de “maximato”, obviamente, se refería a la experiencia del expresidente Plutarco Elías Calles, quien estableció el llamado “maximato” queriendo seguir gobernando el país tras el trono de quien, formalmente, ostentaba el nombramiento de Presidente de la República.

Es muy revelador que sea él quien lo diga, cuando, por lo menos formalmente, nadie le había preguntado si aspiraba a establecer un maximato para seguir siendo el poder tras el trono. Las palabras tienen su peso específico. El hecho de que AMLO hablara de maximato es porque no lo ha descartado como opción. Así ha gobernado. Suelta una idea con la aparente intención de lograr su rechazo, pero calculando la posibilidad de su realización.

Para reiterar que existe un debate no resuelto sobre el tema del papel que jugará López Obrador en el próximo gobierno, y que se está reflejando en la pugna en torno al nombramiento del gabinete de gobierno de Sheinbaum, Juan Ramón de la Fuente, futuro secretario de Relaciones Exteriores, hizo una bizarra declaración que pretende ser una aclaración sobre el tema. Dijo: “Hay una transición sin ruptura, pero sin sumisión”. ¿Sin “sumisión”? ¿Acaso ése es el debate? Sumisión o no sumisión. Es un enfoque esclarecedor sobre el problema que silenciosamente está apareciendo por todos lados.

¿Será que De la Fuente le está respondiendo a López Obrador sobre su escarceo con el concepto de maximato? Son preguntas que ansían respuestas, porque tienen, y tendrán, un efecto práctico sobre la gestión del próximo gobierno.

Lo que tenemos enfrente es la lucha interna sobre el nombramiento del gabinete. Es cierto que fue bien recibido el primer tramo de sus integrantes. Fue lo más rosa del gabinete. Pero, en realidad, lo importante viene ahora: el gabinete de seguridad (Seguridad Pública, Centro Nacional de Investigación, Sedena, Marina, Guardia Nacional), Bienestar, Educación y Salud. Es decir, los titulares de seguridad nacional y política social. Es en este tramo del gabinete donde va a aparecer el verdadero carácter de un posible maximato. Especialmente en el gabinete de seguridad: ahí se entrecruzan intereses económicos muy densos, los acuerdos con el narcotráfico y la continuidad del modelo sobre un nuevo régimen político-militarista en México. Modelo diseñado y forjado durante todo el sexenio por López Obrador. ¿Tiene cabida en ese modelo alguien como Harfuch, por ejemplo, según AMLO?

La definición del gabinete que viene en esta semana esclarecerá de forma importante si habrá o no un maximato en el próximo sexenio. O, como dice De la Fuente, un gobierno “sin sumisión”.

El presidente Lázaro Cárdenas exilió a Elías Calles para acabar con su maximato.

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