Sobre cómo México miente al mundo
Es notable la ausencia de México, especialmente de la presidenta Claudia Sheinbaum, en foros internacionales. Es difícil entender su ausencia porque es aprovechada por unos y otros para señalar los problemas que enfrenta nuestro país como si México fuera el único ...
Es notable la ausencia de México, especialmente de la presidenta Claudia Sheinbaum, en foros internacionales. Es difícil entender su ausencia porque es aprovechada por unos y otros para señalar los problemas que enfrenta nuestro país como si México fuera el único país ante esas situaciones. Utilizan a México como piñata y no hay quién nos defienda con eficacia ni explica las razones de una u otra política. Fue notable la crítica que el presidente Bukele de El Salvador, haciendo referencia a los problemas del narcotráfico y violencia que enfrenta nuestro país. La respuesta fue un silencio que retumbó en la sala. Esa reunión entre CELAC y la Unión Europea fue un momento estelar que habría servido para impulsar la economía mexicana hacia la diversificación. Fue una oportunidad perdida. ¿Se justificó la ausencia presidencial por la presencia del presidente Sánchez, de España, en ese encuentro?
La reunión del G20 en Johannesburgo, Sudáfrica, con la activa presencia de Lula, como presidente de Brasil y también como anfitrión, fue otra oportunidad perdida donde una delegación mexicana resultaba irrelevante. Tampoco se asistió a la reunión de la COP30 en Brasil, realizada del 6 al 21 de noviembre. Es fácil adivinar que tampoco asistirá a una próxima reunión de la Alianza del Pacífico por el diferendo político de México tanto con Perú como con Ecuador.
Tampoco a la Asamblea General de la ONU. Y más preocupantemente, no ha tenido una reunión cara a cara con el presidente Trump. Es cierto que se intentó en Canadá, pero se frustró. Desde entonces no se sabe de alguna iniciativa mexicana para volar a Washington con el propósito de realizar ese encuentro. Da la impresión de que hay cierto temor a una de esas reuniones públicas en la Oficina Oval. ¿O será que las demandas de Trump al gobierno mexicano, que seguramente son del conocimiento de la Presidenta, son simplemente inatendibles? ¿Cuál es el origen de la nueva timidez mexicana ante el mundo? Por un lado, es presupuestal. Las embajadas funcionan a medias debido a recortes y bajos salarios. Tenemos un cuerpo diplomático desmoralizado por sus condiciones laborales en precarización. Otro aspecto es la politización agresiva de México cargando contra otros países que desanima un cuerpo diplomático acostumbrado a ser promotor de la conciliación y el diálogo. México oculta un dilema que no logra resolver, por lo que prefiere esconder la cara. México es parte integral de América del Norte y de su economía, en virtud de la asociación que supone el T-MEC. Ese hecho es una realidad económica tiene implicaciones políticas, incluso para los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos. México está obligado, en virtud de la asociación por el T-MEC, a corresponder a situaciones políticas en aceptable, aunque no total, sintonía con sus socios comerciales.
Cuando se habla de América Latina, el consenso es que Cuba, Nicaragua y Venezuela son regímenes antidemocráticos y que violan los derechos humanos de sus ciudadanos. O que Rusia invadió ilegalmente a Ucrania. Sobre China puede haber matices de interpretación, pero definitivamente no es un aliado democrático como tampoco lo es Rusia. De hecho, son adversarios del orden liberal. Sin embargo, México difiere en todos estos puntos con sus dos socios comerciales. Prefiere tener como amigos a Cuba, Nicaragua y Venezuela en vez del resto de América Latina. Se niega a condenar la invasión rusa a Ucrania y sugiere que los modelos políticos chino o ruso son preferibles al liberalismo. Un gobierno que no quiere decir lo que opina porque podría provocar el rompimiento de relaciones con sus socios económicos es uno que vive en la negación de sí mismo. Vive con el alma negra de la decepción y la mentira que ejerce día tras día.
México es gobernado por una camarilla que oculta sus verdaderas intenciones. No se atreve a decir lo que opina, sabiendo que no tiene consenso. Un país que miente al resto del mundo no es confiable, pues la mentira se percibe, aunque no se exprese. Nuestros gobernantes se ocultan para que no se descubra la mentira que llevan dentro. Su secreto es que son autócratas, no demócratas. Y no creen ni en la alternancia ni en las elecciones libres. Creen en la imposición. Como en Cuba, Nicaragua y Venezuela, aliados al narcotráfico.
