Se acaba el tiempo

El tiempo se acaba para llegar a ese momento en que México deberá decidir qué clase de país pretende ser. ¿Será una República democrática y constitucional, con poderes del Estado autónomos?

Se acaba el tiempo para llegar al duelo final sobre la definición existencial de México: República democrática o país de líder máximo. Las fichas de dominó empezarán a caer si el INE y el Tribunal Electoral aprueban la ilegal sobrerrepresentación de Morena en el Congreso en los próximos días. Ese hecho allanará el camino para que el Congreso apruebe en septiembre el plan C de López Obrador. Ese plan implica la destrucción de los contrapesos al Ejecutivo para que pueda gobernar sin rendir cuentas. No habrá Poder Judicial para revisar la legalidad de las decisiones ni órganos autónomos de vigilancia para corregir desvíos y abusos del poder, ni existirán los legisladores plurinominales, con lo cual se erradicaría la disidencia que pudiera cuestionar las acciones del Ejecutivo y construir una oposición eficaz.

Se acaba el tiempo para que impere la sensatez en la toma de decisiones acerca del futuro del país. Los poderes fácticos del morenismo parecen estar hipnotizados por la fuerza y mirada agria de su líder indiscutible. Se alistan a obedecer sin cuestionar, sin dudar, sin pensar qué otra cosa es posible. Saben que votarán a favor de cualquier medida legislativa que se les ponga enfrente. Aunque no sería justo decir que son robots, lo cierto es que harán lo que se les ordena hacer.

Tampoco importa que un importantísimo narcotraficante haya dicho que el gobernador morenista de Sinaloa era su títere y obediente sirviente, electo al puesto por obra y gracia del cártel. El gobernador lo niega y el Presidente de la República y la Presidenta electa lo exoneran de ese delito federal, con su sola palabra. Sin investigación judicial de por medio, sin dudas y sin cuestionamientos, porque la palabra del Presidente es la ley. ¿Por qué? Porque la ley de la patria es la obediencia ciega y, a cambio, el derecho al velo de la protección presidencial.

Ya veremos si el gobernador sigue vivo el tiempo suficiente para disfrutar de ese velo de protección presidencial, y qué tanto le alcanza para este tipo de situación. El Presidente se va, mientras el gobernador se queda y el narco también. Se quedan en el mismo estado de Sinaloa, pero bajo condiciones diferentes, porque aquí ha habido un inicio (¿o profundización?) de la ruptura de un conjunto de pactos y acuerdos.

Lo de Sinaloa es la expresión nítida de esa “patria del líder máximo” a que tanto aspira AMLO y la que Morena le quiere regalar. Ahí no existe sino un barniz endeble de legalidad. El resto de la vida es construido sobre actos de fuerzas, las intimidaciones sociales y los pactos necesarios para que la economía, tal y como es, pueda fluir con cierta normalidad.

Es una curiosa coincidencia política que haya ocurrido lo de El Mayo Zambada y sus declaraciones justo en estos tiempos que son el prolegómeno a la posible instauración de esa “patria del líder máximo” que Morena añora para el futuro de México. Morena quiere que México sea una réplica de lo que es Sinaloa. Es decir, el país donde el líder negocia igual con el jefe del narcotráfico que con el jefe de Estado de Estados Unidos, como lo hizo El Mayo Zambada. Para ese líder máximo, todo es negocio y negociable. Es el representante del Estado donde también cabe la traición y el asesinato como recursos legales para la resolución de controversias.

El tiempo se acaba para llegar a ese momento en que México deberá decidir qué clase de país pretende ser. ¿Será una República democrática y constitucional, con poderes del Estado autónomos e independientes entre sí, con órganos autónomos que ejercen un poder correctivo y de vigilancia y transparencia que obliga a las acciones de los poderes, además de vinculado al mundo como una nación respetada y con honorabilidad como jugador confiable para la resolución de controversias entre naciones?

¿O será el gobierno de un líder máximo donde impere su ley y sus decisiones unipersonales como referencia exclusiva, aunque sean el producto de la correlación de fuerzas entre los poderes fácticos de la sociedad como las Fuerzas Armadas, los amigos empresarios, el narcotráfico y las relaciones internacionales selectas, como Rusia y China preferentemente, y Estados Unidos como obligación inevitable por proximidad?

En un mes y medio esto se definirá. Sin pausa, sin una reflexión debida y sin razones apremiantes válidas, el reloj corre. Pero eso no importa. El líder exige y la morenada obedece.

Se acaba el tiempo.

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