Las elecciones intermedias de 2027 plantean varias capas y niveles de retos para la ciudadanía mexicana. Entender esas capas permitirá descifrar por qué se están suscitando, desde ahora, tantos conflictos y disensos entre políticos y ciudadanos en torno al proceso y sus posibles desenlaces.
Un primer problema es que los partidos han encontrado una manera “legalona” de darle la vuelta a la legislación electoral vigente. En este momento, ese deporte parece relativamente inocente. Pero presagia peores cosas a venir en el futuro, como la violación de la ley en materia de uso de recursos públicos para beneficio de candidatos y la asociación con el crimen organizado. En esencia, a partir de que se viola la legislación electoral una vez, las próximas veces encontrarán un camino ya recorrido y legitimado. La falta de respeto a la ley indica que las disputas poselectorales se centrarán en quien o quienes violaron la ley y deslegitimaron un resultado, o varios de ellos. Es decir, las violaciones actuales a la ley (a pesar de lo que dice el Tribunal Electoral, un órgano de por sí desacreditado) abren una gigantesca puerta a conflictos poselectorales graves.
Derivado de lo anterior, es decir, de la violación consciente a la ley electoral federal, los nombramientos de los candidatos que surgen del proceso caen en la sospecha de haber sido postulados bajo premisas falseadas. Dado que existen severos cuestionamientos a muchas de las candidaturas a gobernador en Morena, es debido a que todos ellos saben que también tuercen y tergiversan sus propias leyes y normas internas. ¿Si violan la ley electoral federal, por qué no habrán de hacer lo mismo con sus normas internas? La conflictividad interna se alimenta por las sospechas y desconfianzas que su propio proceder engendra. Y esa desconfianza abre las puertas a las rupturas internas o propicia negociaciones que a nadie convencerán. Las divisiones internas propician derrotas electorales.
El acentuado sospechosismo sobre la intervención del gobierno de Estados Unidos en el proceso electoral se refrenda cuando el PT acusa a Morena de haber definido sus candidaturas para agradar a Washington. “¡Nada más falso!, responde Morena. Pero también, nada más cierto. Como Sheinbaum y AMLO se han colocado en la posición de ser los protectores en última instancia de los importantes políticos de Morena que han pactado acuerdos con el narcotráfico, es evidente que Washington tiene una inmensa lupa puesta sobre las candidaturas que postule Morena. Estados Unidos no va a intervenir en México militarmente, porque no le hace falta para hacerlo contundentemente con otras formas. Interviene con acciones penales y acusaciones milimétricamente calculadas. Eso aterroriza a Sheinbaum y a AMLO más que una acción militar abierta. Especialmente ahora que México se ha quedado solo y sin aliados internacionales para venir al rescate. Los gobiernos de Brasil y España, hasta ahora aliados de Morena, están a punto de desaparecer.
Morena no parece dispuesto a aceptar un retroceso electoral, del tamaño que sea. Entonces se prepara para ganar sus gubernaturas y retener la mayoría calificada en el Congreso nacional, cueste lo que cueste. Por tanto, crea las condiciones jurídicas, financieras y tácticas para que las cosas sucedan como quiere. Primero colonizó los órganos electorales y la Suprema Corte de Justicia de la Nación con militantes de su partido. Después legisló para poder promover recursos de anulación de resultados, como la ley sobre la intervención extranjera en casi cualquier caso o las normas sobre el uso de comentarios, imágenes, memes, etcétera, que “subvierten” la dignidad de las personas, además del control sobre el recuento de las papeletas electorales. No habrá control sobre los llamados Servidores de la Nación, que son funcionarios públicos, en su movilización electoral de beneficiarios de los pagos de prestaciones sociales el día de la votación.
En el mes de enero el gobierno federal, léase Morena, entregará 18 mil pesos a todos los beneficiarios para que su gratitud a la Presidenta se extienda hasta junio. Así sucedió en 2024 y así sucederá en 2027.
En el marasmo de ilegalidades, denuncias y la presencia de Estados Unidos y el narcotráfico por igual, cada uno con su estilo, las elecciones intermedias de 2027 prometen ser el momento en que México deberá resolver la disputa sobre el camino a seguir en adelante. O se acepta la hegemonía de Morena o se toma el camino de la pluralidad. Ésa es la decisión.
