Militarización

• Militarizar no es simplemente tener un militar en cada esquina y que puede disparar a criterio suyo. Es tener un aparato de inteligencia vigilando a los ciudadanos, sus actos y pensamientos...

Todas las doctrinas militares, del país que sea, coinciden en una tesis central. Rezan algo así: ante una agresión, su deber es responder con la fuerza letal necesaria para eliminar el peligro presente. El “peligro presente” se elimina con la fuerza letal necesaria. 

En cambio, las fuerzas policiales, también de cualquier país, tienen, como misión juramentada, utilizar todos los medios posibles para conocer y resolver una situación de conflicto y solamente, en una circunstancia extrema, utilizar la fuerza letal. 

 Militares y policías están entrenados en marcos teóricos y filosóficos distintos. Dicho de manera más coloquial, los militares disparan primero y después preguntan (si acaso), mientras los policías preguntan y averiguan primero y después, si es necesario, disparan. 

 Esto viene a cuento por la discusión abierta en México sobre la militarización de la policía. Parecería ser una contradicción flagrante la idea de militarizar la policía. ¿Cómo se hacen compatibles los dos cuerpos, si son dos lógicas tan diferentes? Representan, dicho por ellos mismos, dos visiones conceptuales diferentes de país. 

 Pues resulta que sí es una contradicción lo que el Presidente, tan intelectualmente flojo, quiere resolver por la vía de un decretazo, en vez de enfrentar el reto de entender que las contradicciones no se resuelven por acción administrativa, sino por asumirlas y vivir con ellas, atendiendo sus particularidades.  

Mientras el presidente Boric, de Chile, y el presidente Petro, de Colombia, ambos nuevos mandatarios de izquierda, están procediendo a separar, jurídica y administrativamente, las fuerzas policiacas de las fuerzas armadas militares de sus respectivos países, México camina en dirección opuesta. Siguiendo a pie juntillas las tesis militaristas de las derechas más duras latinoamericanas, representadas por Pinochet, López Obrador busca subordinar la policía a las Fuerzas Armadas, transformando la filosofía policial en una militarista. Con esta acción, Morena se suma a las filas de la reacción latinoamericana, a pesar de su reparto de dinero a los pobres. Es simplemente una nueva modalidad de derecha, quizá con un toque “new age”. 

 Parte de la mentalidad militarista que permea los poros de la nueva derecha autoritaria “new age” que nos gobierna es el uso arbitrario e indiscriminado de los decretos de seguridad nacional a cada obra y acción que realiza a fin de no cumplir con los requerimientos de dictámenes técnicos, presupuestales ni de transparencia que la ley exige. Esas acciones de ignorar la ley son, también, parte de la cultura de militarización que el Presidente le quiere imponer al país, tal y como lo hizo Pinochet. 

 Militarizar no es simplemente tener un militar en cada esquina y que puede disparar a criterio suyo. Es tener un aparato de inteligencia vigilando a los ciudadanos, sus actos y pensamientos, para saber si son un peligro para el “orden establecido”. Es decretar que todo acto ciudadano puede ser calificado como un peligro para la seguridad nacional. Y, con ello, las cárceles empezarán a llenarse de todo tipo de ciudadanas y ciudadanos peligrosos, según la inteligencia militar. 

 Así como los militares estaban infiltrados en el grupo de estudiantes de Ayotzinapa, ahora lo estarán en reuniones, convivios familiares, reuniones de profesores, sindicatos, consejos de administración de empresas y periódicos, reuniones de gabinete de gobierno. Habrá espías por doquier para detectar disidentes, cuestionadores, focos de oposición a la verdad establecida por el líder máximo. Incluso para vigilar la conducta privada de los ciudadanos en sus casas. 

Esto sería el efecto práctico de lo que se llama militarización. 

Y es lo que propone López Obrador para el futuro de México. 

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