México traiciona al pueblo de Cuba
La heroicidad revolucionaria se transformó en un silencio humillado...
La revolución cubana se traicionó primeramente a sí misma. Pasó de ser una revolución popular y socialista a transformarse en una dictadura cívico-militar. Su evolución pasó a través de varias etapas. Pero en lo esencial, el desarrollo de la revolución a la dictadura fue casi lineal.
La heroicidad revolucionaria se transformó paulatinamente en un silencio humillado o cómplice de algunos a la huida desesperada de otros. Es como si la manada cubana se hubiera callado y dispersado por el mundo, con su carga de enojo, tristeza y resignación. El puño en alto, desafiando al mundo del capital y la explotación, se transformó en acero frío contra la cara de quienes osaran cuestionar los métodos, las interpretaciones y las órdenes emitidas de arriba para abajo por el mando revolucionario.
La izquierda mundial, pero especialmente la latinoamericana, se volcó a favor del modelo cubano, con pocas excepciones críticas. La revolución cubana parecía demostrar la eficacia del socialismo en un país periférico. La educación gratuita era de calidad y, junto con el sistema de salud, eran ejemplo para el continente, y más allá. Conforme avanzaba la competencia entre los dos modelos, el soviético perdió totalmente su capacidad de desarrollo de sus fuerzas productivas, y se derrumbó internamente. La cuestión económica destruyó a la Unión Soviética. Ya no podía competir con Occidente. Tan lo saben los rusos y chinos de hoy, que están queriendo revivir sus imperios con métodos económicos capitalistas, aderezados por sistemas políticos de partido único autoritario del viejo socialismo.
En este contexto se entiende el fracaso de la revolución cubana. El embargo estadunidense ha sido un factor que contribuyó al fracaso económico de la revolución, pero en modo alguno explica el derrumbe económico que vive hoy Cuba. Muchos países han vivido embargos, bloqueos y sanciones en sus historias y las han sobrellevado con éxito. Hoy Rusia e Irán son dos ejemplos actuales de ello. La actitud estadunidense le sirve principalmente al régimen cubano como instrumento propagandístico para justificar la situación interna, pero no la explica.
Cuba nunca fue próspera bajo la revolución. Era una ilusión alimentada por los once millones de dólares al día que invertía al día la Unión Soviética en una pequeña isla del Caribe. Los servicios de salud gratuitos y el sistema educativo para todos, junto con una creciente clase media, de ninguna manera era producto de la capacidad económica propia de Cuba. La verdadera economía cubana producía azúcar, ron, puros y turismo para extranjeros. Tal y como lo hace hoy. El colapso de la Unión Soviética acabó con la fantasía de la exitosa revolución económica cubana. Hoy la vida en Cuba es de miseria. Tal y como lo apunta Leonardo Padura en su último libro sobre La Habana, la población habanera ha perdido toda su felicidad ante la oquedad, dificultad y miseria de la vida cotidiana en Cuba. La gente es violenta, irascible. infeliz. El grito de “Comida y libertad” es preciso. Eso quiere la gente.
Reina una plutocracia en Cuba que vive bien fuera de la isla y finge ser revolucionaria dentro de ella. Retiene el poder por el poder mismo. Es incapaz de cambiar, y no tiene ideología, sino sed de sostenerse por temer lo que les podría suceder si pierden su poder. Eso apoyan la 4T, AMLO y Sheinbaum: una plutocracia cubana enriquecida que gobierna a Cuba por sí misma, y reprime al pueblo de su país. La gente pelea por la basura en las esquinas de las calles, mientras los juniors de la revolución viajan por el mundo. Los miles de millones de dólares que México regala al gobierno cubano son para que esa plutocracia se mantenga en el poder. Nadie piensa en hacer la revolución. Piensan en sobrevivir un día más. De ahí la ética que permea a toda la población: “No es robar; es resolver”, al tomar bienes estatales de sus centros de trabajo.
Mientras tanto, AMLO piensa en Cuba como un refugio si las cosas en México se vuelven “incómodas”. Ve en Cuba su retaguardia estratégica, y México se lo está pagando, saqueando las finanzas de Pemex y otras secretarías para pagar esa “pensión” personal al expresidente. A todo esto, la izquierda latinoamericana tiene la obligación de revisar su postura de apoyo acrítica a ese petardo llamado la revolución cubana. México encabeza los países que traicionan al pueblo cubano, al sostener su gobierno represor en el poder.
