México como potencia declinante
¿Dónde quedó México? Obviamente, no se empeñó a fondo en esta carrera (encabezar el Banco Interamericano de Desarrollo) ni aparentemente en las elecciones relevantes en otros organismos internacionales anteriores.
El candidato brasileño para encabezar el Banco Interamericano de Desarrollo, Ilan Goldfajn, ganó la dirección en una elección que enfrentó a dos gigantes de América Latina: México y Brasil. Goldfajn ganó la elección con el 80.08% de los votos emitidos. Argentina, que había postulado una candidata al mismo puesto, retiró a última hora su propuesta y dio su apoyo al candidato brasileño. En segundo lugar, quedó el candidato chileno, con el 9.93% de los votos. El candidato de México, Gerardo Esquivel, quedó en tercer lugar con el 8.21% de los votos. El candidato caribeño, postulado por Trinidad y Tobago, obtuvo el 1.61% de los votos.
Antes de la elección, los candidatos habían presentado sus propuestas al Consejo de gobernadores y ministros de finanzas de los países miembros del BID. Un detalle relevante es que, por tradición, América Latina siempre había nombrado al director del BID. Sin embargo, Trump insistió en nombrar a un estadunidense, rompiendo con la historia de equilibrios entre norte y sur de las Américas, aprovechando que Estados Unidos tiene un peso determinante en las votaciones, ya que posee el 30% de los votos. Para el bien de todos, el equilibrio se restableció con la decisión tomada por los gobernadores y directivos del banco de nombrar a un latinoamericano para encabezar la institución.
En este caso, el peso estadunidense también fue fundamental para el nombramiento de Goldfajn, pues el peso de sus votos fue a favor del brasileño. La declinación de la candidata argentina y el apoyo de su país a Brasil fue producto, se rumora, de una negociación para que funcionarios argentinos pudieran ocupar puestos de relevancia dentro del banco. Incluso, Argentina negoció con Estados Unidos y Canadá para asegurar la mayoría de votos para Goldfajn.
Estos datos confirman una intensa diplomacia ejercida entre Argentina, Brasil, Estados Unidos y Canadá para armar una candidatura ganadora. ¿Dónde quedó México? Obviamente, no se empeñó a fondo en esta carrera, ni aparentemente en las elecciones relevantes en otros organismos internacionales anteriores. Lo importante, en el caso de nombramientos en organismos internacionales, no es tanto ser nombrado como país integrante de una comisión o grupo, sino para encabezar algún organismo relevante. Dos casos ahora destacan como fracasos. México se postuló para encabezar la Organización Panamericana de Salud y fracasó. Ahora, también con su candidatura al BID. ¿Qué está haciendo mal nuestro país a la hora del cabildeo para nombramientos relevantes?
Una percepción que permea el ámbito diplomático es que el canciller mexicano no asume la tarea del cabildeo necesario para ganar las candidaturas mexicanas. Por ejemplo, en el caso de la candidatura a dirigir la OPS, era evidente que el subsecretario de Salud, López-Gatell, era el encargado del caso, con una estrategia equivocada de pensar que Cuba le iba a dar la victoria a México por el apoyo dado al programa de médicos cubanos. Se equivocaron al no entender las fuerzas que se mueven a la hora de las votaciones. Mientras tanto, Ebrard ve un partido de futbol en Qatar y México pierde la elección del BID.
Y México también pierde a un aliado supuestamente “natural” con Argentina, que se suma a la candidatura de Bolsonaro y no a la de López Obrador. ¿No que son muy amigos?
Detrás de estos fracasos subyace un problema mayor. México no cuenta con el respeto y apoyo de sus supuestos aliados “izquierdistas” del sur, como Chile, Argentina y Brasil, porque Lula apoyó al candidato de Bolsonaro. Y ha perdido el respeto de sus aliados del T-MEC: Estados Unidos y Canadá. México se encuentra en un proceso de aislamiento y enajenación de sus bases tradicionales de apoyo: los países relevantes de las Américas. Ni Colombia izquierdista apoyó a la candidatura mexicana. Cuando México se acerca más a Cuba, Nicaragua y Venezuela, en vez de a Brasil, Argentina y Chile, debemos poner señales de alerta sobre nuestra diplomacia.
La alerta mayor es que el México de López Obrador es una potencia que pierde fuerza, importancia e influencia regional. También pierde el respeto de los países del continente, canjeando todo en aras de una pantomima de superioridad sin fundamento alguno. México es una potencia declinante, pues.
