Marea rosa y Morena en el ring del Zócalo
El evento de la marea rosa estaba compuesto por ciudadanos
La marea rosa y el partido Morena se enfrentaron en una competencia por establecer la primacía de sus respectivas concepciones del mundo. En un primer round, compararon algo aparentemente mundano, pero que no lo es tanto.
¿Cómo llegaron los manifestantes al Zócalo capitalino? Lo importante de este punto no es solamente si llegaron por pie propio, en vehículo particular o transporte público, o si llegaron en camiones y autobuses foráneos rentados por alguna instancia oficial o partidista. Por supuesto que esto importa porque camiones foráneos trajeron a mucha gente de los estados colindantes (Estado de México, Hidalgo y Morelos). Lo relevante es la motivación para asistir al Zócalo capitalino.
En el caso de la marea rosa, la gran mayoría llegó por pie propio, ya sea en vehículos particulares o transporte público. Ese día la autoridad no sólo no izó la bandera nacional: tampoco abrió las estaciones del Metro cercanas al Zócalo, con la intención de dificultar el arribo de las personas. No sucedió lo mismo el viernes pasado, durante el mitin morenista. Al contrario, los autobuses foráneos se detenían sobre Tlalpan para que sus pasajeros pudieran llegar cómodamente al Zócalo por Metro.
El evento de la marea rosa fue el domingo 18 de febrero. Acudir a un evento en domingo, habitual día de descanso, habla de una actitud de la multitud que se convocó al Zócalo ese día, de convicción y disposición a sacrificar el descanso en aras de un objetivo superior.
El acto morenista fue en un viernes laborable, 1 de marzo, con la intención de llevar a la gente desde sus lugares de trabajo al Zócalo, lo cual facilitó cubrir las cuotas de almas que cada espacio morenista debía llevar al mitin. El asistir al evento era una obligación laboral. Hubo, incluso, los directivos incautos de unidades de trabajo o de escuelas que dieron la instrucción por escrito a sus subordinados de que su asistencia era obligatoria. Por supuesto que esos oficios aparecieron circulando en las redes sociales.
El asistir a uno y otro evento tenía, entonces, una diferencia seminal. La motivación era totalmente diferente. La marea rosa llegó revestida de una convicción ética de que defendía una causa no sólo justa, sino determinante para el futuro del país, de sus familias y de sus hijos. En cambio, los morenistas llegaron al Zócalo amenazados de que, si no acudían, podrían perder el empleo.
El problema para los asistentes morenistas no es el país y su futuro. El problema era su empleo y, por ende, su futuro inmediato. Ese es, obviamente, otro tipo de motivación.
La marea rosa dio el primer campanazo de la campaña, al convocar al Zócalo el 18 de febrero, cuando el proceso electoral se regía por el oscuro y confuso “intercampañas”. Le puso la vara alta a todos por igual, tanto tirios como troyanos.
Morena tomó la estafeta y quiso enfrentarse a esa marea ciudadana un par de semanas después. ¿Políticamente qué significó que Sheinbaum iniciara su campaña en el Zócalo, desafiando a la marea rosa?
El evento de la marea rosa estaba compuesto por ciudadanas y ciudadanos de la Ciudad de México. No vinieron acarreados de estados colindantes para asegurar un Zócalo lleno, como sí lo tuvo que hacer Morena para su fotografía. Entonces, simbólicamente, lo que hizo Sheinbaum no fue arrancar una campaña nacional, sino confrontar y pelear con los votantes de la Ciudad de México, donde una gran mayoría la considera una gobernante fallida y poco atractiva.
Obviamente, el gobierno de la ciudad ofreció una cifra baja del número de asistentes al evento de la marea rosa y una cifra alta al evento de Morena. Ni modo de esperar honestidad en ese vals de cifras. Lo relevante es lo que expresaron los dos mítines capitalinos sobre el devenir de la Ciudad de México.
Así como sucedió en las elecciones de 1997, el estado de ánimo social capitalino se perfila claramente por votar en contra del partido de Estado y su régimen dilapidado y sin promesa de futuro, atrapado en su marasmo de corrupción y con una fuerte descomposición interna. Eso es lo que se percibe claramente al contrastar las dos concepciones de México que se confrontaron en el ring del Zócalo capitalino.
