Macron y Biden ponen al liberalismo en peligro
Las crisis políticoelectorales que enfrentan el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el de Estados Unidos, Joe Biden, ponen muchas cosas en peligro y quizá la menos importante, francamente, es su reelección. Ambas sociedades están siendo presionadas por las ...
Las crisis político-electorales que enfrentan el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el de Estados Unidos, Joe Biden, ponen muchas cosas en peligro y quizá la menos importante, francamente, es su reelección.
Ambas sociedades están siendo presionadas por las propuestas de líderes populistas que explotan los miedos profundos de sus respectivas sociedades. En ambos casos existe, por un lado, una creciente aversión a las oleadas de migrantes legales e ilegales. Por otro lado, una suerte de convocatoria al aislacionismo, expresado en una propuesta de soberanía nacional exacerbada, con un fuerte énfasis autoritario.
Las expresiones concretas en común son sorprendentes. En primer lugar, está la promoción de leyes antiinmigrantes. Y como expresión del aislacionismo (mal entendido como soberanía nacional) existe un rechazo a la participación en esfuerzos de apoyo a Ucrania, lo cual contiene un tácito apoyo a la autoritaria e ilegal invasión de Putin a ese país. El populismo (de derechas e izquierdas) se alimenta de soberanismo, aislacionismo, apoyo a la invasión a Ucrania por parte de Rusia, junto a una fascinación con el autoritarismo y el bloque antiliberal en el mundo.
Subyace en todo ello sugerencias y declaraciones abiertamente autoritarias y antidemocráticas en las propuestas de Marine Le Pen, en Francia, y de Donald Trump, en Estados Unidos. El populismo mundial se asienta en valores conservadores. Rechazan a las nacionalidades que estiman inferiores o cargadas de negativismo y se les considera portadores de enfermedades sociales peligrosas (sic). Como es lógico, el repudio a las diversidades sexuales hace que se carguen contra esas comunidades promoviendo legislaciones contrarias a sus libertades y con actos de autoridad que pueden, incluso, significar encarcelamiento o tratamientos psicológicos obligatorios.
También permea un pensamiento tradicional sobre la familia y el papel de la mujer en la sociedad como sujeto subordinado a los imperativos a la atención al marido y los hijos. El rechazo al aborto en cualquier modalidad es una política pública generalizada entre quienes comparten las políticas populistas.
En el actuar político, el populismo promueve el miedo, los odios ancestrales y la polarización social como métodos útiles para consolidar su liderazgo de masas y, así, poder reproducir su poder político. El populismo es, en esencia, militarista.
Existe una situación de crisis política en Europa y los Estados Unidos a partir de la derrota de Macron en Francia, quedando en tercer lugar en los votos generales (aún está por verse cómo quedan los números de diputados en la Asamblea General) y por la debacle de Joe Biden en su debate con Trump, que lo dejó herido de muerte políticamente y en la antesala a una casi segura derrota en las elecciones presidenciales de noviembre próximo.
Ambos gobernantes, junto con el gobierno de Gran Bretaña (hay elecciones para elegir a un nuevo primer ministro el próximo jueves y donde el actual partido en el poder está condenado a la derrota) han sido el puntal de apoyo a Ucrania en su lucha contra el totalitarismo ruso, además de representar los valores del republicanismo y democracia en sus países y en el mundo.
La perspectiva de ser derrotados por fuerzas populistas antirrepublicanas y antidemocráticas que apoyan a Putin en su agresión a Ucrania y que esbozan valores conservadores hace que sean considerados un peligro para el mundo democrático.
Los diques de contención al populismo antidemocrático están siendo derribados por las fuerzas extremistas del miedo, el odio y la polarización. El liberalismo en todo el mundo está bajo amenaza de su extinción. Y para que esto no suceda, los países requieren de líderes que, alejados de sus exabruptos, guíen a sus pueblos por el camino democrático y de tolerancia a sus diferencias internas, con respeto a las mayorías y las minorías.
Casualmente, este escenario alimenta la creciente ansiedad de inversores y gobernantes mundiales al observar los acontecimientos recientes en México: un discurso gobernante asociado al populismo y promoviendo la destrucción de las instituciones que podrían frenar el ímpetu autoritario del gobierno actual y el futuro.
