Las potencias y sus conflictos

El arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos simplemente ha evidenciado el conflicto entre potencias mundiales que ya existía previamente, pero ahora se hizo patente y público. Los grandes focos de conflicto en el mundo giran alrededor de las potencias con ...

El arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos simplemente ha evidenciado el conflicto entre potencias mundiales que ya existía previamente, pero ahora se hizo patente y público. Los grandes focos de conflicto en el mundo giran alrededor de las potencias con capacidad nuclear y sus aspiraciones regionales y/o globales. Este hecho debe reconocerse para que las cabezas sensatas de esas potencias sean capaces de negociar y modular sus diversos intereses sin recurrir a guerras con armas nucleares por delante.

Las dos potencias que reúnen características mundiales son EU y China. Tienen el desarrollo militar y económico suficiente para disputar la hegemonía en los continentes del mundo. Asia y África son continentes y América Latina, una región geográfica en disputa por parte de estas potencias. La competencia es por su hegemonía económica, política, militar y cultural en cada contexto. China está en un buen momento de crecimiento de su influencia mundial, pero con debilidades estructurales en su economía que complejizan su continuo avance, a partir de su idea de ser completamente autosuficiente. EU encara un problema más complejo, por las divisiones políticas internas de su sistema político y por su dependencia con las cadenas de suministros mundiales para mantener su industria militar, de desarrollo tecnológico y del uso de IA, además de múltiples industrias que atienden al potente mercado interno de ese país. No tiene el más mínimo asomo de autosuficiencia, excepto en la retórica de su presidente.

Esas dos potencias están en abierta competencia por la hegemonía mundial. Son dos modelos de gestión, uno del centralismo planificado basado en el marxismo y el otro en la economía de mercado, basada en criterios de rentabilidad de la inversión privada. Ambos modelos tienen claras ventajas y desventajas.

En el mismo periodo histórico se han consolidado las llamadas potencias regionales nucleares que tienen intercambio de influencias e intereses de las dos potencias centrales. Me refiero a Rusia vs. la Unión Europea (junto con Ucrania), a Israel contra Irán, a India ante Paquistán y las dos Coreas en permanente tensión. Todos esos conflictos regionales tienen la posibilidad de convertirse, ante cualquier falta de entendimiento, en guerras convencionales y no-convencionales (es decir, nucleares). Las potencias regionales han evolucionado de manera desigual y con el empuje y apoyo de EU o China. Ese desarrollo desigual y combinado ha respondido a intereses regionales en conflicto, y sus países vecinos, con menor capacidad de fuego, han tendido a apoyar a uno u otro de los contrincantes y, por dialéctica, se asocian también con alguno de los contrincantes globales.

El mundo vive una suerte de multilateralidad, pero con centros de poder muy definidos. Países de Asia, África y AL buscan asociarse a los dos polos mundiales, EU y China. La reciente reunión de la Celac en Pekín, entre China y AL, es un ejemplo de esa gestión de multilateralidad que algunos países ejercen a la sombra de las potencias mundiales. Pero no es tan fácil cambiar la integración de las cadenas internacionales de producción por otras. Por esa razón, muchas veces lo que se percibe es una diplomacia económica, pero sin la firma de acuerdos específicos porque no coinciden la preferencia política con la estructura económica real. Tal es el caso de Colombia, cuyo presidente asistió a la reunión en Pekín afirmando que prefiere el intercambio con China, mientras la estructura económica de su país está integrada totalmente a EU. El México de AMLO estaba totalmente inclinado ideológicamente hacia China. De visita a Washington afirmó ante Biden que EU era una potencia declinante y China era una en ascenso. Sin embargo, la realidad se impuso: la economía mexicana es una pieza del mercado interno estadunidense. México pertenece, invariablemente y geográficamente, a América del Norte.

Así, vivimos en un mundo de alianzas estratégicas y amistades tácticas. Lo importante para las naciones que no son potencias es poder divisar las fortalezas y debilidades de cada alianza estratégica, y definir las oportunidades y amenazas de cada amistad táctica.

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