La realidad fatal para los datos oficiales

La realidad pesa más en el estado de ánimo nacional que las cifras sobre seguridad y violencia tan alegres y optimistas que emiten todos los gobernantes morenistas. Parece que los comunicadores oficialistas siguen el ejemplo de Joseph Goebbels, el propagandista del ...

La realidad pesa más en el estado de ánimo nacional que las cifras sobre seguridad y violencia tan alegres y optimistas que emiten todos los gobernantes morenistas. Parece que los comunicadores oficialistas siguen el ejemplo de Joseph Goebbels, el propagandista del régimen de Hitler. ¿Su fórmula? Repite mil veces tu mentira, que eventualmente pensarán que es inevitablemente cierto. Pero hoy, en el pensamiento mexicano pesa más el descrédito y el desasosiego social que el artificial optimismo oficial. La realidad es el dardo aplastante que mata la credibilidad oficial.

Como si fuera un ejército atacando, todos los funcionarios del morenismo repiten el mismo mantra: ¡hemos logrado reducir los actos de la delincuencia y de la violencia en todo el país! Y ofrecen datos optimistas con gráficas comparativas, año con año, para probar sus dichos. Desde el Inegi, así como de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), el gobierno busca dar solidez científica a sus datos sobre la disminución de la delincuencia y la violencia en México. Estos datos registran una realidad que matiza contundente la narrativa politizada del gobierno: mide los delitos no denunciados (la cifra negra). Permite concluir que solamente uno de cada 10 delitos es denunciado en México. 93% de los delitos pasan dejando las heridas abiertas en la vida de la sociedad sin solución.

Este abismo entre la realidad y los datos oficiales asegurando reducciones “sustanciales” en los delitos es lo que desautoriza la voz y acción oficialista, especialmente de la propia Presidenta. ¿Si los datos oficiales no contemplan 93% de los delitos del país, con qué margen de confiabilidad podemos creer en la euforia oficialista? Diariamente, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) publica estadísticas de incidencia delictiva basadas en las carpetas de investigación y denuncias iniciadas en las 32 entidades federativas del país. Ésta es la fuente diaria y mensual más citada por las autoridades para mantener su narrativa de mejora en la situación delincuencial del país. Sin embargo, dados los resultados de la ENVIPE, que da cuenta del relevante subregistro de delitos en todo el país, los datos oficiales del SESNSP son severamente cuestionados, especialmente por la tendencia oficialista a promover una narrativa interesada en proteger sus intereses políticos. 

Hay otros cuestionamientos técnicos a los datos oficiales, porque existen criterios de categorización que difieren entre las autoridades estatales, que son la fuente principal de la información primaria para el SESNSP. Esas diferencias de criterio dan cuenta de datos no comparables en muchos casos. Muchas organizaciones de la sociedad civil también recogen información y la cotejan con los datos oficiales, encontrando fallas graves en los datos emitidos por órganos del gobierno federal y los gobiernos estatales. Pero es la realidad misma la que desmiente al oficialismo con más fuerza. México ha vivido, en las últimas dos semanas, una matazón de dirigentes en un variado campo de actividades, desde lo agrícola, el transporte, maestros, miembros de partidos y, ahora, el alcalde de Uruapan, Michoacán. La huella de su sangre es lo que lacera el corazón nacional en Día de Muertos.

El gobierno ahora se excusa de cualquier responsabilidad en el asesinato del alcalde de Uruapan afirmando que contaba con protección federal. Ajá. Ya está muerto, con todo y protección federal. Es la prueba de que la realidad ofrece un categórico desmentido trágico a la afirmación gubernamental de que tiene el control sobre los factores delincuenciales en el país. La realidad desmiente no sólo la narrativa del gobierno sobre su supuesta “mejora” en la situación de violencia en el país. También desmiente su juego perverso con las cifras oficiales, queriendo engañar con una narrativa sobre un país inexistente de optimismo. Y también desmiente la idea de que el gobierno es capaz de enfrentar el problema de ofrecer seguridad a los ciudadanos de este gran país. Notoriamente, no puede ofrecer seguridad a los ciudadanos.

El asesinato en contra de Carlos Manzo es otro clavo en el ataúd de este gobierno que prefiere engañar con narrativas mentirosas en vez de asumir la realidad de la violencia y criminalidad y actuar en consecuencia. Y refrenda que la popularidad estadística de la Presidencia no va a salvar al gobierno de su progresivo derrumbe y descrédito.

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