La precampaña ideal

La cultura y el deporte son derechos constitucionales, pero son tratados como temas de segunda cuando son parte sustancial de la medicina preventiva y social

Varios sectores sociales que fueron consultados por esta columna coincidieron en que quieren más de las precampañas. Haciendo un esfuerzo de síntesis, podría decir que lo que se busca es más sustancia y menos retórica. Piden seriedad y enfoque.

Las soluciones sobre los problemas de seguridad, violencia y narcotráfico son de los primeros temas que se tocan cuando se les pregunta sobre qué se quiere escuchar y debatir. Muy cerca de la violencia están los temas de la migración masiva que impacta en todo el país, generando una ola de criminalidad, violencia y desesperación en su paso.

Por supuesto, está la preocupación por la situación económica que ha generado una nueva oleada de migrantes mexicanos que, silenciosos, prefieren abandonar sus casas, barrios y pueblos para buscar una cierta seguridad al norte. Los datos macroeconómicos pueden ser buenos formalmente, pero la gente está sufriendo y necesita respuestas.

Hay que discutir a fondo las propuestas serias y meditadas sobre el futuro de la inclusión social en el modelo económico. Todos cabemos, pero ¿cómo? También se demandan respuestas.

El debate sobre la salud se ha degradado a una burla sobre Dinamarca. Dejemos eso atrás y que hablen los que sí saben del tema sobre qué hacer para reconstruir urgentemente una alternativa seria y real para poder atender la emergencia de salud que enfrenta el país.

Sin una buena educación de calidad no hay futuro. Singapur y Corea del Sur son ejemplos a seguir, en términos de fincar el futuro de un país en la educación de las generaciones futuras de la nación. Sin educación no hay país.

En el mundo moderno no abordar con seriedad y profundidad los problemas medioambientales, del modelo económico, el desarrollo urbano y la sustentabilidad, nos dejará en el rezago y encaminados a la autodestrucción. Esto se vincula al modelo energético del país y la funcionalidad de los grandes proyectos industriales que medran del medio ambiente. Existe un agotamiento social con la retórica fácil y comercial sobre el tema.

Sigue la epidemia de violencia en contra de las mujeres, niñas y niños. Parece ser incontenible. Es un problema de nuestra civilización y exige una respuesta a la altura de ese nivel. No es cosa de simplemente horrorizarse con los datos. Merece respuestas contundentes.

Los pueblos indígenas y afromexicanos han exigido sistemáticamente el respeto a sus derechos y acceso a más oportunidades para crecer económicamente y como comunidades en sus usos y costumbres.

La cultura y el deporte son derechos constitucionales, pero que son tratados como temas de segunda cuando son parte sustancial de la medicina preventiva y social.

Y la lista continúa. No se busca agotar la lista de temas que deben abordarse. Lo que se busca decir es que hay que usar el tiempo de campaña también para convocar a una gran discusión nacional. Cada candidata con sus respectivos ámbitos de intelectualidad, expertise y profesionalismo. Algo que le dé seriedad de propósito a las campañas, y no simples consignas.

Pero lo que se requiere es un diálogo organizado, serio y sistemático sobre estos temas. La gente quiere confirmar que existen ideas sólidas producto de conocimientos técnicos, además de confirmar que los políticos también saben cerrar la boca y escuchar a los que saben y tienen propuestas. Después de un sexenio de una sola voz impositiva, la necesidad de escuchar, dialogar y tolerar varios puntos de vista se ha hecho presente en primera fila.

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La idea de fondo de cualquier campaña es sumar votos con las mejores ideas y propuestas. Con densidad de reflexión y discurso. Sería la precampaña ideal.

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