La masacre en Tamaulipas

En casos como el actual, la recomendación de organismos internacionales de derechos humanos es que toda investigación judicial de militares involucrados transite por el sistema penal civil, no militar.

La masacre contra cinco jóvenes en Tamaulipas a manos de un destacamento militar es la refutación absoluta de todo lo que ha dicho AMLO sobre su estrategia oficial ante la delincuencia organizada. Y llega en el peor momento, cuando el Congreso de Estados Unidos avanza hacia la exigencia de intervenir militarmente en México ante la falta de una fuerte acción defensiva del Estado mexicano.

El Presidente aseguró en su mañanera que las acciones de “mátenlos en caliente” ya no se realizan en su gobierno. Pero lo que sucedió en Tamaulipas fue una acción de “mátenlos en caliente”. Y es incapaz de reconocer esa realidad para defender a la cúpula militar, a los militares asesinos y a su propia fantasía sobre lo que acontece en el país que trata de gobernar.

El Presidente ha dicho reiteradamente que ya no se dan las masacres en México como “había antes”. Pero la realidad, y los datos registrados, lo desmienten. La violencia criminal en el país crece a pasos agigantados. En el sexenio de Calderón se registraron, en el mismo periodo, 120 mil muertes (¡terrible!). Pero con AMLO ya son 147 mil asesinados a manos de criminales. Y el Presidente jura que las cosas van mucho mejor con él. Todos los seres humanos mienten en algún momento, pero no todos tan reiterada y sistemáticamente como López Obrador.

La masacre en Tamaulipas ocurrió a manos de militares y en la gestión de AMLO. La opinión pública ha atestiguado durante días los hechos donde militares intimidan a la población civil desarmada. A mediados de 2021 la revista Zeta había contabilizado 851 masacres ocurridas durante el sexenio de López Obrador, arrojando un total de 3,876 muertes, entre hombres, 276 mujeres y 124 menores de edad. Otros medios reportaron 250 masacres entre enero y junio de 2022. A pesar de estos hechos demostrables, el Presidente insiste: “Ya no hay masacres en el país, sino enfrentamientos entre bandas”.

Obviamente que para estas fechas de 2023 México ha superado el número de más de mil masacres en el país, y contando, como lo demuestra la masacre de Tamaulipas. Y estos datos no incluyen feminicidios, homicidios, secuestros, cobros de piso, tráfico de personas y un amplio abanico de actividades criminales que alimenta la parálisis gubernamental.

La Sedena ha anunciado que están detenidos cuatro de los elementos involucrados en la masacre de Tamaulipas, puestos a disposición de la justicia militar y que ha solicitado a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que realice una investigación del “incidente”. Trágicamente, la CNDH, antaño una instancia de credibilidad internacional, hoy es percibida como un instrumento de una facción interna de Morena, el partido político del Presidente. Todas las acciones, decisiones y resoluciones de la CNDH están guiadas por el interés político del Presidente. Ha perdido su valor más preciado: la independencia y autonomía en su accionar.

En casos como el actual, la recomendación de organismos internacionales de derechos humanos es que toda investigación judicial de militares involucrados transite por el sistema penal civil, no militar. Esto porque el criterio general es que los asuntos de seguridad pública no deben militarizarse, sino caer dentro de la esfera civil.

Detrás de la masacre en Tamaulipas se asoma el rostro del debate de fondo que este caso devela. La militarización de la seguridad pública lleva a abusos sistemáticos por parte de las Fuerzas Armadas, no entrenadas para apaciguar conflictos ciudadanos ni para ser policía de proximidad. Por eso, sólo en 2022 se registraron ante la CNDH 577 denuncias por abusos ilegales a la Guardia Nacional y 428 contra la Sedena. Ambas dependencias están involucradas en asesinatos, desapariciones forzadas, tortura y detenciones arbitrarias.

La masacre de Tamaulipas es el retrato del fracaso de la política de la militarización de la seguridad pública de López Obrador. Su respuesta es retórica vergonzante y vacía, empleando la mentira como instrumento para evadir su responsabilidad.

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