La herencia siniestra de AMLO
¿Por qué se cambia a un militar por otro? Nadie explica las razones de la remoción.
La peor herencia que AMLO le dejó a la presidenta Sheinbaum y al pueblo de México fue su complicidad con el narcotráfico. Unos podrían pensar que fue una política deliberada y pactada con los líderes del crimen en México, para ganar elecciones a cambio de permitir el negocio. Otros pensarán que no fue pactado, sino producto de una concepción ideológica fincada en su amor al pueblo, ofreciendo “abrazos, no balazos”. El origen de la política es lo de menos (aunque no es lo de menos).
El efecto es el mismo. El crimen y el narcotráfico se han apoderado de franjas muy importantes del país, la corrupción se ha extendido en todos los poros del oficialismo y la violencia arrincona, aterroriza y paraliza a la ciudadanía.
Lo que sucede en Sinaloa es un reflejo exacerbado de lo que acontece nacionalmente. Sinaloa es la norma, no la excepción. El régimen, desesperado, acaba de cambiar a un militar secretario de Seguridad Pública (es un decir) en Sinaloa por otro militar secretario de Seguridad Pública. ¿Por qué se cambia a un militar por otro? Nadie explica las razones de la remoción, lo que desata especulaciones entendibles.
¿Habrá sido porque el militar despedido era en realidad incompetente? ¿No entendía la naturaleza de la nueva estrategia oficial para enfrentar al narcotráfico y la violencia? ¿O es que le dio miedo? ¿O peor, se vendió a alguno de los bandos en conflicto del narcotráfico?
Al mismo tiempo, se confirma que el narcotráfico emplea métodos que se observan en Gaza, Israel, Líbano, Rusia y Ucrania. Drones suicidas, drones capaces de disparar balas y regresar a sus bases, drones que lanzan misiles de diverso calibre y drones espía se han convertido en parte importante del arsenal de los grupos armados anticonstitucionales que pululan por todo el territorio nacional, del sur al norte.
También se practica el uso de minas antipersonales y antitanques, capaces de frenar el avance de tropas desplegadas por el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional. Cada día hay efectivos de las fuerzas de seguridad muertos y heridos.
El narcotráfico ha reclutado a mercenarios de diversos países que venden su expertise y conocimientos en el arte de la guerra moderna a cambio de altos salarios. Se han detectado, por ejemplo, mercenarios colombianos contratados por los cárteles en México que pelearon en Ucrania contra las tropas rusas. Pero también hay desertores del Ejército mexicano que han sido contratados, ahora, para emboscar a sus excompañeros.
Todo este escenario ofrece un solo futuro: más guerra y cada vez más violencia. Y la semilla que permitió que esta situación germinará con tanta fuerza y extensión fue la complicidad, anuencia o ingenuidad de López Obrador. Si fue por complicidad y anuencia, es equiparable a traición a la patria. Si fue por ingenuidad, es debido a una infinita estupidez, combinada con su personalidad de engañabobos.
Es imposible dejar de reconocer que la situación en México se acerca a ser una guerra civil de baja intensidad. Pero los rasgos de la violencia son claramente ejercidos con métodos de terrorismo.
Y ese hecho, del terrorismo, acerca a México a un conflicto con su socio mayor: Estados Unidos. Si México perdió el panel del maíz transgénico, por ser un conflicto entre ciencia versus ideología, la disputa sobre si hay o no terrorismo en México, está perdida desde ahora.
Los drones explosivos, la pérdida de control por parte del Estado mexicano sobre grandes franjas del territorio nacional y la corrupción de vastas porciones del régimen por el narcotráfico son el saldo siniestro del sexenio de López Obrador. Un sexenio de muerte y regresión en todos los órdenes de la vida nacional. Es lo que ese sexenio nos deja como saldo de un Presidente que nunca debió serlo.
