La Cuenca del Caribe
México debiera ser líder en la Cuenca del Caribe, con visión y oferta integral de necesidades de la región bajo su resguardo. En vez de ello, ofrece ideas fragmentadas y sin una verdadera noción de progreso

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Llegan migrantes a la frontera sur de zonas tan lejanas como Asia y África. Pero la vasta mayoría, 85%, proviene de la Cuenca del Caribe: Cuba, Haití, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. Además, ahora México es el mayor abastecedor de migrantes sin documentos, producto de muchos fenómenos internos, como la violencia criminal, la pandemia y el deterioro económico general del país bajo el gobierno de López Obrador. Más de 50% de los indocumentados cruzando la frontera norte son mexicanos.
La circunstancia humana de masas de seres humanos que se mueven hacia el norte, no sólo de otras naciones, sino también de la migración interna mexicana, refleja el fracaso de las políticas económicas de la región denominada la Cuenca del Caribe, México incluido. Ante tan terrible fracaso, la débil respuesta para la región de México –sembrando árboles y regalando dinero a jóvenes– no sirve para nada. La respuesta tiene que ser general en toda la región, con una visión de largo plazo y estructural.
La Cuenca del Caribe está en llamas. La región atraviesa varias crisis entrelazadas. Hay una profunda crisis económica y una contracción brutal del consumo popular, junto con reiteradas y prolongadas crisis políticas y sociales. Ejemplos de estas últimas crisis políticas y sociales son Cuba, Venezuela, Nicaragua, Haití, El Salvador y Honduras. Son países que padecen dictaduras o semidictaduras, con rebeliones internas de diverso grado. De hecho, en el caso cubano, venezolano, nicaragüense y haitiano, la migración internacional es una expresión de rebelión interna contra sus gobiernos. En los casos de El Salvador y Honduras, la migración es producto de la violencia interna y la debacle económica.
México debiera ser líder en la Cuenca del Caribe, con visión y oferta integral de las necesidades de la región bajo su resguardo. En vez de ello, ofrece ideas fragmentadas y sin una verdadera noción de progreso. Plantea una concepción de paliativos coyunturales ineficaces, como lo son los “apoyos” de árboles y dineros que ofrece a los mexicanos, que no resuelven sus problemas. Y titubea frente a sus aliados dictatoriales, como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y no se atreve a convocarlos a reformas democráticas.
Lo que se requiere para la zona, que abarca todo el Caribe, Venezuela, Colombia y Centroamérica, es un plan estratégico global. No sirve un proyecto ideológico nacionalista y antiyanqui. Debe ser un plan que promueva la integración económica, la inversión extranjera dirigida a fortalecer los mercados internos y la inserción en el mercado global, que fortalezca los valores democráticos y las libertades individuales y de expresión. México debiera enarbolar una visión de los próximos 50 años para la Cuenca del Caribe, concibiéndola como una región con gran potencial económico, de desarrollo social y ejemplo de consolidación democrática.
La Cuenca del Caribe tiene la posibilidad de ser un ejemplo para todo el continente americano. Combina culturas tan diversas como la negritud de África, las tradiciones británicas, francesas, holandesas de industria y comercio, la cultura expansiva española, las tradiciones mesoamericanas y la confluencia con el intercambio hacia Oriente. Ello ofrece una región de vasta cultura e historia. Al reconocerlo se puede avanzar en una visión integral de desarrollo. O se puede perder, otra vez, la oportunidad de dar el paso hacia adelante en nuestra historia, tratándolo únicamente como un problema migratorio pasajero, violento e incómodo.