¡La ciudadanía ganó!

Ahora todos se involucraron, no sólo en la discusión y debate de la política, sino que salieron a votar en números no vistos en procesos electorales recientes

Al momento de escribir este texto, no hay aún claridad sobre las candidaturas ganadoras y perdedoras de la contienda electoral. Lo que sí se percibe, a partir de las primeras cifras que arroja el PREP, es que México está ante un gobierno dividido por la mitad. Habrá, ciertamente, ganadores y perdedores. Pero la tendencia que se define es que las fuerzas políticas están profundamente divididas entre casi dos partes iguales. Así tendrá que gobernar la presidenta y quienes ganen sus respectivas entidades federativas. Y el Congreso federal tendrá que volver a ser, de nueva cuenta, un lugar de conciliación y acuerdo, y ya no de imposición al estilo de “no cambiar ni una sola coma”.

Este resultado es producto del fenómeno político más relevante del proceso electoral 2024. La movilización ciudadana ha representado una explosión de interés en “el asunto público” como no se había dado nunca en México. Desde los más jóvenes, incluso sin edad para poder votar, hasta los adultos mayores que estaban acostumbrados a ver desde lejos el acontecer político, ahora todos se involucraron, no sólo en la discusión y debate de la política, sino que salieron a votar en números no vistos en procesos electorales recientes.

El fenómeno político de la movilización de millones de ciudadanos, expresado más nítidamente por la llamada Marea Rosa, aunque no sólo por ello, impulsó un nuevo estado de ánimo social en la sociedad mexicana. Sectores tradicionalmente alejados de la política, o incluso simplemente apáticos, se alertaron y empezaron a actuar en sus conjuntos sociales. Abrieron nuevas discusiones y debates acerca de las prioridades de una nación y sus perspectivas para el futuro.

Ese nuevo estado de ánimo social tuvo la ventaja de tener una convocatoria basada en causas, y no en agendas ideológicas. La causa de la defensa de la democracia, de las libertades, la autonomía del INE, la defensa de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y su independencia del Poder Ejecutivo, el respeto a la Constitución y el Estado de derecho y la exigencia del respeto al voto libre son las causas del movimiento ciudadano. Son causas que unen a la ciudadanía que puede comulgar con las izquierdas o con los centros políticos y también de las diversas corrientes de pensamiento de las derechas.

En cierto modo, se puede hablar de una modernidad ciudadana, que supera a las viejas estructuras políticas partidistas cuyo firmamento se basaba en sus planteamientos ideológicos que los distinguían, pero que también los convierten en feroces oponentes en la arena política. De ahí sus confrontaciones electorales tradicionales.

Sin embargo, la fuerza de esa “modernidad” de la gran dinámica social que impulsó la ciudadanía con sus miles de pequeñas o grandes organizaciones creadas para expresar sus confluencias, es lo que obligó a los partidos del PRD (izquierdas), PRI (centro nacionalista) y el PAN (de centro-derecha) a unirse en esa fraternidad moderna donde tenían una mayor centralidad las causas que unían al movimiento, en vez de las ideologías que tendían a dividir a las fuerzas y energías de la amplia ciudadanía en acción.

Es una fuerza que se va a implantar en el quehacer nacional. Esa impronta ciudadana no va a desaparecer. Quizá se consolide y se amplíe, pero es una fuerza de opinión y de potencia electoral que no va a desaparecer, dejando que la política y los partidos vuelvan a su vida de business as usual. Ya no habrá eso.

La ciudadanía organizada se volverá algo orgánicamente existente y como una fuerza de opinión y de criterio, que deberá tomarse en cuenta a la hora de proponer medidas legislativas o de implementar políticas públicas.

No creo que se convierta en otro partido político. La nueva modernidad exigirá algo más ligado a causas y menos a ideologías y sus corrientes históricas. Por lo pronto, fueron un factor central en los resultados electorales en el 2024 mexicano.

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