La izquierda inútil
El comunicado es, del inicio y hasta el final, un intento por encubrir su absoluta falta de honestidad intelectual, ética y política

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Brasil, Chile, Colombia, México y España firmaron un comunicado conjunto donde rechazan “las acciones militares ejecutadas unilateralmente en territorio de Venezuela” y establecen su “apego a los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”.
Además, establecen en el comunicado que las acciones militares unilaterales “contravienen principios fundamentales del derecho internacional, en particular la prohibición del uso y la amenaza de la fuerza, el respeto a la soberanía y a la integridad territorial de los Estados…”. Notoriamente, los gobiernos de estos países apelan a “las vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano” como solución a los problemas, en un proceso “liderado por las y los venezolanos”. También exhortaron a las “Naciones Unidas y a sus Estados miembros de los mecanismos multilaterales pertinentes a hacer uso de sus buenos oficios para contribuir a la desescalada de las tensiones y a la preservación de la paz regional”.
Finalmente, rechazan también “cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos, incompatible con el derecho internacional”.
El comunicado emitido por estos cinco países es, del inicio y hasta el final, no sólo un acto de profunda hipocresía de los gobiernos suscritos. Es un intento por encubrir su absoluta falta de honestidad intelectual, ética y política. Ninguno de esos cinco países levantaron un dedo para señalar y reprobar las acciones contrarias a los derechos humanos que realizaba, día con día, la dictadura de Nicolás Maduro.
Ninguno de esos gobiernos, con la excepción de Chile, se atrevió a exigir la dimisión de Maduro después de haber cometido el fraude electoral más descarado de la historia reciente en América Latina. El gobierno de Maduro se impuso contra la voluntad de la mayoría de los venezolanos en las elecciones pasadas.
Ninguno de esos gobiernos dejó de reconocer el gobierno de facto de Maduro. Unos abiertamente, otros de soslayo, pero todos ellos avalaron el fraude electoral en Venezuela y dejaron que continuara por su ruta el dictador impuesto por la fuerza bruta de las armas, la represión, las desapariciones y el asesinato. Avalaron que Cuba ayudara a convertir a Venezuela en un Estado policiaco, sin protestar y manteniendo relaciones diplomáticas corteses con ambas dictaduras.
Ahora protestan por el uso de la fuerza por parte de Estados Unidos para derrocar al dictador. Sí critican el uso de la fuerza de los enemigos, pero no critican lo mismo cuando practican el uso de la fuerza por los amigos.
Encima de la hipocresía de su postura ante la conducta represiva e ilegal del “gobierno amigo” de Maduro, en todo el comunicado tampoco tienen la valentía ni la gallardía de mencionar a “Washington”, “Estados Unidos”, “presidente Trump”. Su cobardía incluso llega a ese grado, como si al no mencionarlo evitarán la ira del peligroso aliado poderoso.
Brasil y México son particularmente lamentables en ese caso. En vez de obligar públicamente y en privado a Maduro a cambiar su conducta, lo dejaron pasar. Los dos países, supuestamente de izquierdas, pero avalando una dictadura feroz, quieren ser actores internacionales respetados cuando lo único que han hecho fue bajar los brazos y dejar pasar el fraude electoral. Habrán pensado: “Es más costoso políticamente criticar a un ‘compañero de ruta’ que dejarlo pasar, en silencio, esperando que nadie nos relacione con el desagradable asunto de una dictadura”.
México es un gobierno “de izquierda” inútil en este caso. Siempre avaló la dictadura de Maduro y su uso de la represión y la fuerza bruta para mantenerse en el poder. Ahora se coloca en una postura de ridícula indignación ante el igualmente terrible uso de la fuerza por parte de EU para derrocar a Maduro.
La hipocresía le viene mal a México cuando quiere ser un interlocutor válido ante EU y Canadá en la renegociación del T-MEC. La mentira y doble cara perseguirá al gobierno mexicano el resto del sexenio. ¡Qué izquierda tan inútil!