Homenaje a Ifigenia Martínez y Hernández
El discurso que no dijo refleja la visión de una mujer que fue siempre fiel a sí misma, a su ética y a sus convicciones sobre la justicia y la democracia.
La maestra Ifigenia Martínez y Hernández falleció el sábado pasado después de haber participado como presidenta del Congreso de la Unión en la toma de protesta de la ahora presidenta Claudia Sheinbaum. Preparó un discurso para un momento histórico memorable, mismo que no pudo leer por su delicada salud. El discurso, que se reproduce íntegro a continuación, marca y señala pistas sobre el pasado, presente y futuro deseable para México, de acuerdo con Ifigenia. Es la visión de una mujer que fue siempre fiel a sí misma, a su ética y a sus convicciones sobre la justicia y la democracia.
El discurso de Ifigenia contiene un doble retrato. Retrata el México plural, democrático y dialogante al que ella aspira y recomienda. Pero también retrata, sin otra intencionalidad, a la autora del texto: a Ifigenia economista, maestra y exdirectora de la Escuela Nacional de Economía (UNAM), senadora y diputada. La incansable luchadora por un México mejor.
El discurso define lo que Ifigenia nos pide a nosotros y a las futuras generaciones.
A continuación, el discurso que iba a leer la diputada Ifigenia Martínez ante el Congreso de la Unión:
“Hoy nos encontramos aquí, en este recinto solemne de la democracia mexicana, como testigos de un momento que marca un antes y un después en nuestra historia: la toma de protesta de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo como la primera mujer Presidenta de México.
“Su llegada a la Presidencia es la culminación de una lucha que hemos atravesado generaciones enteras de mujeres, quienes con valentía desafiamos los límites de nuestros tiempos. Hoy, junto con ella, llegamos todas y abrimos paso a una nueva era.
“Yo misma, que he recorrido tantas batallas por la democracia y la justicia, me siento profundamente honrada de presenciar este triunfo histórico. En 1988 formé parte de la Corriente Democrática de Izquierda en México, una lucha que, junto a muchas y muchos, iniciamos con la firme convicción de que el cambio verdadero era posible.
“Hoy esas convicciones han rendido fruto. No sólo tenemos una Presidenta, sino que se vislumbra un presente donde las mujeres participemos en condiciones de igualdad en la construcción de futuros posibles y deseables para nuestra patria. Ser parte de esta transmisión histórica del Poder Ejecutivo y entregar la banda presidencial a la primera Presidenta es uno de los mayores honores de mi vida.
“Agradezco profundamente la confianza de mis compañeras y compañeros legisladores para desempeñar este acto simbólico, que representa no sólo un punto de inflexión en la historia, sino también un triunfo de nuestros valores: igualdad, justicia y democracia. Hoy, las mujeres, junto a los hombres, estamos listas para continuar construyendo el país que soñamos. El de un México libre e igualitario.
“Un país donde el liderazgo femenino dejará de ser la excepción, para convertirse en norma.
“Desde esta soberanía, le decimos que no está sola. Que la lucha por la justicia y por la igualdad es de todas y de todos. Y que no descansaremos hasta lograr una democracia plena, donde no haya distinción de género, clase o condición. Que nuestras diferencias no nos dividan, sino que sean la fuente de propuestas y de soluciones compartidas a los distintos retos que enfrentamos.
“Hoy, más que nunca, necesitamos tender puentes entre todas las fuerzas políticas, dialogar sobre nuestras divergencias y construir, juntas y juntos, un país más justo y solidario.
“Es tiempo de altura de miras. Es tiempo de construir nuevos horizontes y realidades. Es tiempo de mujeres.
“Sigamos dejando huella”.
Palacio Legislativo de San Lázaro, a 1 de octubre 2024.
