Glorificando al Mesías
Un movimiento en falso, una acusación dirigida o una información hiriente divulgada pueden provocar el colapso de todo el andamiaje del poder y control que han creado
La 4T tiene como estrategia de gobernanza defenderse atacando a enemigos, supuestos o reales. Pero tiene ahora la variable de un nuevo componente. Es una línea narrativa indicada para toda la militancia leal y obediente. La instrucción es dedicar un tiempo diariamente a glorificar el mito dela obra, el pensamiento y el legado de Andrés Manuel López Obrador.
Hay editorialistas que derraman miel sobre López Obrador. Recuerdan a los textos periodísticos donde las plumas obedientes alababan las hazañas históricas de Hitler o Stalin. Es decir, hoy en México se producen textos de esa estirpe, arrastrándose para ver quién halaga mejor y más fuerte.
Pero a diferencia de Hitler o Stalin, que tenían la capacidad de ejecutar a quienes contradijeron a sus plumas, en México aún no hemos llegado tan lejos en las limitaciones a la libertad de expresión. De hecho, la mayoría de las plumas en México conservan un espíritu crítico, en distintas modalidades y con tonos diferentes. La 4T quisiera instaurar un Tribunal, ligado al Poder Judicial, cuya función sería sancionar a quienes critican al poder, por catalogar penalmente a las críticas como “mentiras”. Así lo propuso una de esas plumas pagadas en un medio de circulación nacional.
La tentación de usar el Poder Judicial para acallar críticas ya está dentro del arsenal de Morena. Los casos de Campeche, Puebla y Sonora son anticipos de lo que sería la actividad de ese Tribunal contra críticos que tanto añoran crear. Y lo tienen muy pensado: sería una de las funciones del “Nuevo Poder Judicial”. Borrar las críticas de la faz de la tierra.
Y es precisamente ahora cuando se ha emitido la orden de acuerparse a defender al expresidente, cueste lo que cueste, y con el argumento que sea. La necesidad surge justo cuando el Palacio de Invierno está bajo ataque. Las críticas a la gestión del sexenio pasado, y el traslado de todos los pasados haberes y deberes a este sexenio es lo que despierta la angustia en el Palacio. No hay día que pase sin la aparición de una nueva crisis de corrupción o de la asociación de miembros de Morena con el crimen organizado o de una pugna interna entre miembros de la alta burocracia gobernante.
Este nuevo escenario de crisis es particularmente difícil, dada la gigantesca lupa que emplea Estados Unidos para observar la vida cotidiana de los miembros de la dirigencia real de Morena.
La clave de todo el asunto es que la Presidenta no puede remover o cambiar las fichas de su gobierno sin trastocar los intereses del expresidente. Y él está poco dispuesto a que las cosas se trastoquen, so pena de quedar expuesto a críticas, incluso, acciones judiciales en su contra o contra sus familiares.
Resulta que el “Maximato” que diseñó y que le impuso a la Presidenta está resultando ser una cárcel para ambos, donde son rehenes de su propia circunstancia. Ninguno puede moverse mientras ven al Palacio arder. Un movimiento en falso, una acusación dirigida o una información hiriente divulgada pueden provocar el colapso de todo el andamiaje del poder y control que han creado. Nadie puede renunciar, así como nadie puede caer. Si uno renuncia o cae, se caen todos y todos tendrán que renunciar. Así de delicada y grave es la situación. Y ojo: la tentación del autogolpe está claramente presente. Lo que intentaron Evo, en Bolivia, y Castillo, en Perú, es porque sus gobiernos también estaban presionados y arrinconados. Su ejemplo pervive en el imaginario amloísta.
El control sobre las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y Legislativo, sumado a la pasividad de los empresarios y el dominio del órgano electoral, aunado a pactos con el crimen organizado suman una sola cosa: la tentación a la toma absoluta del poder para no tener que dar explicaciones a nadie sobre la corrupción interna de Morena y asegurar su continuidad en el poder.
La glorificación de López Obrador está preparando el terreno para imponer la continuidad de su proyecto político en México, quizá, incluso eliminando la irritante necesidad de realizar elecciones. En suma, a mayor glorificación del mesías, mayor es el peligro de una regresión irreversible en la vida democrática de México.
