Fentanilo en Culiacán
Los periodistas estadunidenses del New York Times aseguran haber entrevistado a tres estudiantes de Química involucrados en las operaciones del Cártel de Sinaloa.
En la mañanera del 2 de diciembre, la Presidenta se burló de un artículo publicado en el New York Times donde se afirmaba que el Cártel de Sinaloa estaba reclutando a estudiantes de química para trabajar en sus laboratorios fabricando la droga de fentanilo. La Presidenta dijo que era una visión fantasiosa del medio estadunidense, seguramente inspirado en la serie Breaking Bad. Dijo: “Hoy pregunté en el gabinete y no hay información sobre esto…No tenemos información y, en todo caso, a los estudiantes de Química que no se metan ahí”.
Los periodistas estadunidenses del New York Times aseguran haber entrevistado a tres estudiantes de Química involucrados en las operaciones del Cártel de Sinaloa. Incluso, entrevistaron a un profesor que señaló el interés creciente de sus alumnos por saber más acerca de la producción de fentanilo y su transformación en un producto para venta en la calle.
El 26 de diciembre, el mismo medio publicó un nuevo artículo donde reseña cómo los operadores y cocineros de fentanilo del Cártel de Sinaloa suministran distintos productos con fentanilo mezclado con otras sustancias químicas, incluyendo anestesias veterinarias, a personas que viven en situación de calle o migrantes en las zonas fronterizas, para conocer su reacción al “nuevo producto”. Dicen que a veces la gente reacciona bien a la droga, otras veces se enferman y también han muerto otros. Les pagan 30 dólares por suministro. Los miembros del cártel filman las reacciones del “paciente” para saber del éxito o fracaso de la prueba. Lo que sí han confirmado las autoridades sanitarias es que ha habido un incremento importante en el consumo de la droga, especialmente en las zonas fronterizas.
El 29 de diciembre, el mismo New York Times publicó otro largo reportaje con el encabezado: Esto es lo que nos hace ricos: dentro de un laboratorio de fentanilo del Cártel de Sinaloa, en inglés, y en español “Así es un laboratorio de fentanilo del Cártel de Sinaloa”. La descripción que reportan los periodistas es muy detallada, desde las dificultades para acceder al laboratorio, esquivando a las autoridades federales exitosamente, hasta la conversación con los “cocineros” de la droga sobre sus vicisitudes para mantenerse sanos y funcionales en laboratorios con tan poca seguridad y protección personal.
Los tres reportajes del New York Times ofrecen, en conjunto, una visión desoladora de la vida de los personajes dedicados a la producción de la droga, pero donde el dinero reina fuerte: todos están teniendo buenos ingresos a partir de su actividad. Así lo dicen y lo reconocen. Cada uno aspira a poner su propio laboratorio para entregar producto al cártel.
El telón de fondo de los tres artículos es la guerra en Sinaloa entre facciones del mismo cártel y la presencia de las fuerzas federales como actor que limita sus actividades, aunque consideran no resulta determinante la intervención de las fuerzas del orden para su quehacer.
Pero lo que debe preocupar es la distancia entre la actitud burlona y sarcástica de la Presidenta sobre lo informado por el New York Times a principios de diciembre y los artículos casi un mes después, reiterando la creciente gravedad de la situación y donde subyace la ineficacia de la intervención de las fuerzas federales para resolver la guerra de Sinaloa. A decir verdad, la situación en Sinaloa es más cercana a lo que describen los periodistas que a la despreocupada actitud presidencial, que asegura que “no pasa nada” fuera de lo normal. Si de lo que se trata, desde el punto de vista de la casa presidencial, es fingir normalidad, está condenada al fracaso.
La descomposición de Sinaloa es un reflejo de muchas zonas del país. El fentanilo en Culiacán es un espejo de la tragedia mexicano. No poder reconocerlo es conducirnos a un largo invierno oscuro y trágico.
