¿Es fascista AMLO?
Umberto Eco escribió un ensayo sobre el fascismo, centrado en la experiencia que vivió personalmente con Benito Mussolini en Italia. Eco definió al fascismo como una expresión política sin ideología definida.
Es necesario volver a conversar sobre el fascismo en la sociedad moderna y sobre las experiencias fascistas recientes. Hay que reflexionar sobre lo que fue el fascismo y sobre si hoy es una alternativa emergente en sociedades como la estadunidense o la mexicana.
Umberto Eco escribió un ensayo sobre el fascismo, centrado en la experiencia que vivió personalmente con Benito Mussolini en Italia. Eco definió al fascismo como una expresión política sin ideología definida, porque lo importante era el líder, no su contenido programático. Dice Eco que el fascismo no tiene esencia, expresando un totalitarismo confuso, un collage de distintas ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones. Para el líder fascista lo importante era no estar atado a una ideología en particular porque todo gira en torno a su figura y no quiere compromisos programáticos.
Así, todo proyecto fascista contenía un tono anticapitalista, pero no en el sentido marxista del término. Para el fascista, ser anticapitalista es oponerse a los principios de, por ejemplo, la Revolución francesa, de libertad, solidaridad e igualdad. El régimen fascista está en contra de las libertades, pero no en contra de las ganancias ni de la guerra por el poder.
El líder fascista puede despotricar contra el capital y al día siguiente promueve principios económicos ultraliberales. Un día puede ser ultraliberal y al otro es estatista. Todo depende de lo que le convenga en términos de su proyecto político para mantenerse en el poder.
Hitler accedió al poder por la vía electoral enarbolando una agenda nacional-socialista. Fue el primer líder mundial en aplicar, en los prolegómenos de su gobierno, el modelo económico keynesiano: es decir, el Estado del Bienestar. Al mismo tiempo, impulsó un modelo político de persecución y aniquilamiento de las libertades del pueblo alemán, para luego iniciar la Segunda Guerra Mundial.
El famoso libro de Hitler Mi lucha es básicamente una lista de amargas quejas y resentimientos contra la sociedad de su época, incluyendo la escuela de arte que no lo admitió como alumno. No era una agenda para el país.
Los fascismos comparten una idea esencial. El anticapitalismo de Mussolini y Hitler era un rechazo a la modernidad, no al capitalismo como tal.
El motor de esos fascismos fue la explotación de los sentimientos de frustración, enojo y resentimientos por los resabios de la Primera Guerra Mundial. Los dos líderes supieron enarbolar esas emociones y engancharlas con sus propios resentimientos. Era el caldo de cultivo perfecto para un modelo político ambiguo, sin brújula ideológica clara combinando una mezcolanza de los lenguajes que la época ofrecía: anticapitalismo, autoritarismo, comunismo, socialismo, nacionalismo y añoranzas de los tiempos idos de las grandes monarquías.
AMLO comparte muchos de esos elementos de Hitler y Mussolini. Llegó al poder por la vía democrática y ha dedicado los seis años de su gestión a sabotear y cancelar ese mismo sistema que le permitió llegar al poder, con el único propósito de no ceder el poder a otro. Carga con la herida narcisista profunda de que le fue negado el poder en 2006. Lo transmite en todos sus libros, incluyendo el último, cuando se despide diciendo “gracias, pero los considero traidores a todos ustedes”.
Su gestión económica se parece mucho a la de Milei en Argentina: recortes a servicios sociales de salud y educación, austeridad en el gasto público sin distingos y el encumbramiento de las fuerzas armadas. Su política económica, que incluye el T-MEC, es más ultraliberal que neoliberal. Así muestra que no tiene ideología, sino intereses que se mueven según la brújula política. Igualmente, es antimoderno, coincidiendo con la extrema derecha en rechazar lo que llaman la “ideología de género”, postura que expresa con acciones (o la falta de ellas), no con palabras.
El resentimiento es un motor importante en la construcción del líder fascista. Todos han sido capaces de movilizar sus sociedades desde el resentimiento de clase, pero para encumbrar al líder, sin establecer compromisos programáticos, ideológicos ni políticos. La capacidad de movilizar el temor y resentimiento de millones es lo que hace que sean líderes singulares, capaces de crear un culto de seguidores hasta la muerte. Quizá ése es el elemento que más causa consternación.
El liberalismo no ha encontrado el camino para enfrentar exitosamente el resurgimiento del fascismo en la época moderna. Las sociedades desdeñan los procedimientos democráticos para enfrentar el ascenso fascista. El fascismo mueve a toda velocidad, retando o destruyendo instituciones democráticas que son, por su naturaleza, instrumentos de carácter legal que toman tiempo para estudiar, acordar y actuar ante las amenazas provenientes de las fuerzas contrarias a la democracia. La lentitud democrática se ve avasallada por la rapidez de fuerzas políticas que ignoran las reglas e instituciones democráticas. Es un grave dilema para las fuerzas democráticas actuales.
¿Es fascista AMLO? Aún no, pero tiene todos los elementos presentes para su transformación en fascista.
