Entorno económico y elecciones 2027

La economía mexicana atraviesa un periodo de estancamiento prolongado, con un crecimiento del PIB que en 2026 apenas alcanzará 1%, producto de múltiples factores de deterioro. Las perspectivas para 2027 son de una actividad económica lenta y frágil, sujeta a múltiples riesgos internos y externos amenazantes. 

El principal lastre es la caída libre de la inversión. En 2026, la inversión fija bruta crecerá sólo 0.7% anual, con un desplome de la inversión pública de 22.8% en el tercer trimestre. Sin inversión, el país no crece.

El consumo privado, pilar de la demanda interna, cerró 2025 con una fuerte desaceleración ante la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre. Paralelamente, las remesas —clave para millones de hogares— crecieron en 2026 sólo 2,8%. Refleja las contracciones económicas en Estados Unidos y en México.

Aunque la inflación general ha cedido, la subyacente se mantiene por encima de 4%, con presiones en alimentos, transporte y servicios que erosionan el ingreso real y limitan el consumo.

La deuda pública está proyectada para alcanzar 53.9% en 2026. El alto costo financiero (estimado en 4.1% del PIB para 2026) resta margen de maniobra al gobierno para estimular la economía. La renegociación del T-MEC en 2026 genera gran incertidumbre, con el riesgo de que se frenen exportaciones e inversiones. El panorama para 2027 es de una recuperación insuficiente. Las proyecciones de los principales organismos coinciden en un crecimiento modesto, alrededor de 2% en promedio, en contraste con 1.3% en 2026.

En conclusión, la economía mexicana enfrenta retos severos en 2027 de crecimiento de modesto a nulo, dado el deterioro marcado por la débil inversión y consumo, la presión inflacionaria, la debilidad del Estado de derecho y la presencia del narcotráfico como factor de desestabilización política, económica y social. Además, el gobierno está comprometido con la entrega de apoyos sociales a 45 millones de personas.   

El partido Morena entra a la contienda electoral con graves fricciones internas entre sus principales grupos políticos antagónicos. Las acusaciones de Estados Unidos contra la colusión gobierno-cárteles del narcotráfico han trastornado completamente el panorama para la definición de sus candidaturas. Lo que se suponía que sería un proceso interno fluido perdió el control. Mientras el narcotráfico exige su porción de las candidaturas de Morena, éste se resiste, debido a la embestida del gobierno de Washington, que ha denunciado internacionalmente al de México por su alianza con el narcotráfico.

El gobierno de Sheinbaum ha adoptado la consigna cubana de ¡resistir! a como dé lugar, negándose a entregar a los narcopolíticos de su gobierno a Washington. Su política de Estado determinará los acontecimientos políticos relevantes en México en lo que resta de su sexenio. El deterioro económico nacional puede atenuar, aunque no anular totalmente, el peso del impacto esperado de los programas sociales en el acto de votar de los ciudadanos a favor de Morena.

El arma fundamental de Morena para ganar las elecciones es, efectivamente, la compra económica de voluntades. Morena cree que compra legitimidad. Pero no es el caso: chantajea a sectores pobres del país a cambio de dinero para que voten por su partido. Pero las elecciones donde el voto participante es sólo corporativo, como lo fue el voto por el Poder Judicial, lograron sumar solamente 8 millones de votos. No los 45 millones que reciben los beneficios.

Por tanto, la confrontación entre los dos factores determinantes del estado de ánimo social al momento de votar (la situación económica del país y el reparto masivo de dineros vía programas sociales) será lo que defina el resultado electoral de 2027.

La corrupción de los gobernantes morenistas, junto con la percepción pública de que Morena es un “narcopartido”, influirá sin duda en el ánimo de los electores. Pero el tema económico terminará siendo central. Una economía boyante favorece al gobierno. Una economía sin crecimiento no ofrece futuro a un país. En ese caso, el voto se vuelca en contra del partido gobernante, aunque reparta programas sociales con generosidad.