En defensa del pensamiento crítico

La inteligencia se ve como desafío a la gobernanza.

López Obrador y la 4T están en pie de guerra en contra del pensamiento crítico en México. El campo de batalla alcanza a pensadores independientes, periodistas, intelectuales, profesores, educadores de todos los niveles y a todas las instituciones, públicas y privadas, de educación superior. Además, su guerra contra el pensamiento crítico e independiente promueve la degradación de las relaciones entre instituciones  con sus empleados, reduciendo prestaciones y oportunidades de avanzar conocimientos, tanto en el país como en el extranjero.

Desde el inicio del sexenio de López Obrador, el discurso contra el pensamiento crítico empezó con la instauración de la fantasía de “los otros datos”. No importaban los datos sobre la caída de la inversión privada, siempre había “otros datos” que decían lo contrario. En materia de pobreza se afirmaba que el pueblo estaba “feliz, feliz” aunque se incrementó en millones de personas la pobreza extrema, incluso según datos oficiales. El imperio fascista de “los otros datos” se imponía a la racionalidad de contar con datos certeros para la comprensión de la realidad y el diseño de estrategias correctas para dar solución a los grandes problemas nacionales. Para dar credibilidad a los “otros datos” ha sido necesario debilitar toda la estructura de generación de inteligencia en el país. De ahí la destrucción de los fideicomisos que promovían la indagación de datos e información sobre la realidad para poder mejor entenderla. Lo que desea la 4T y su asalto a la inteligencia es que no sea entendible la realidad, excepto a través del prisma de la ideología del abigarrado populismo autoritario de AMLO.

Luego, vino el asalto a Conacyt, para imponer la ideología antes que el pensamiento crítico. La consigna parece ser: “la realidad debe adaptarse a mis convicciones y, si no sucede así, ignoraré los berridos de esa construcción neoliberal llamada la realidad”. La institución creada para favorecer el pensamiento se ha convertido en manicomio del delirio y la imposición de las fantasías extremas del radicalismo.

Junto con esa degeneración al estado de locura del “mundo educativo” operado por la 4T, está el asalto continuo a las instituciones públicas, con reducciones presupuestales notables. Reducir en términos reales sus presupuestos es un acto de agresión artera contra el pensamiento, crítico o no. Pero fueron más lejos, pretendiendo destruir las instituciones de educación media superior y superior como tales. La inteligencia es vista como una franco y abierto desafío a la gobernanza de la 4T y del Presidente mismo. Es vista como una amenaza de seguridad nacional, más preocupante que el narcotráfico, la pobreza o la militarización.

Un paso emblemático ha sido la destrucción del CIDE como centro de docencia e investigación capaz de discurrir inteligentemente sobre los grandes problemas nacionales. El pavor a la inteligencia recorre la médula del Presidente y su movimiento. Ignorando la legislación vigente que rige la gobernanza de esa institución, un director a modo fue impuesto para reprimir a los investigadores de la institución y destruir su reputación como centro de excelencia intelectual. Lo que añora la 4T es la mediocridad y la sumisión.

Ahora hay que advertir una próxima ofensiva contra la UNAM. El “incidente” Jazmín Esquivel va a provocar la ira presidencial contra la institución. Especialmente si la ministra no es electa presidenta de la SCJN por sus antecedentes de plagio y faltas a la moral y ética de la universidad. A finales de 2023 se elige a un nuevo rector. Sin duda que AMLO querrá imponer a su candidato. Será un proceso donde se definirá la autonomía o sumisión de la UNAM al proyecto antiintelectual del Presidente y su 4T.

Lo que se define en la UNAM va a tener consecuencias profundas en la vida universitaria. Los grupos de Morena ya están provocando conflictos internos, como en el caso de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. La guerra contra el pensamiento crítico va a mover la mira contra la institución más respetada del país. El afán destructor del poder deberá toparse con una comunidad que rechaza sumisión y doblegamiento.

2023 promete ser un año de duras confrontaciones y difíciles definiciones en torno a la guerra entre el pensamiento crítico y la ignorancia.

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