El régimen presidencialista

La negociación política es central en el arreglo de conflictos entre distintos partidos (...)  En el presidencialismo, los representantes populares pueden votar con el partido contrario si les parece conveniente, sin ser estigmatizados

El ambiente de enfrentamiento que existe en Estados Unidos convoca a analizar las características del régimen presidencialista, sus fortalezas y vulnerabilidades. Trump ha convertido el tema del muro con México en la trinchera donde ha colocado su pieza más fuerte de artillería política: la intransigencia. Afirma que no va a ceder en su demanda de que el Congreso le autorice 5 mil millones de dólares para avanzar en la construcción de un “bello” muro entre los dos países. A raíz de su insistencia, y la negativa de los demócratas a ceder ante sus presiones, se ha cerrado una parte importante del gobierno de Estados Unidos y casi 800,000 empleados gubernamentales están en sus casas sin sueldo u otros están trabajando, pero sin paga. Y el tres de enero, los demócratas ya serán mayoría en la Cámara de Representantes. Es decir, en vez de solucionar el problema, va a dimensionarse de una nueva manera, con un gobierno dividido y confrontado.

Sin embargo, visto a la distancia, la única conclusión posible ante el impasse político en ese país es la negociación política. Es decir, el reconocer que en un sistema presidencialista, como el que rige en Estados Unidos, la negociación política es pieza central en el arreglo de cualquier conflicto entre intereses de distintos partidos o grupos de interés. En el sistema parlamentario existen las mayorías automáticas, al tener acuerdos de bloques partidistas. En el presidencialismo, los representantes populares gozan de otra libertad: pueden votar con el partido contrario si les parece correcto o conveniente, sin ser estigmatizados por ello en su propio partido. Esa flexibilidad es la llave que abre la posibilidad a que la negociación política sea el instrumento por excelencia para solucionar conflictos legislativos y políticos.

La negociación política significa ceder en puntos importantes para que el otro lado pueda aceptar avanzar en una votación positiva, independientemente de quién tenga la mayoría en un momento determinado. Porque saben que hoy puede haber una mayoría, pero mañana puede ser del otro lado. En la política es fácil olvidar esta pequeña gran regla. La estabilidad política depende de que todos los actores respeten las reglas de convivencia y las leyes de la nación. Depende de que las fuerzas políticas acepten ese juego de la negociación, que incluye la flexibilidad de apoyar unas u otras posiciones. Lo que para unos pudiera representar una traición a posturas políticas más ideológicas, para otros es el aceite que le permite funcionar al sistema político con toda su diversidad y puntos de vista.

El presidencialismo es, entonces, un régimen político que funciona cuando las diversas posiciones quedan representadas en un esfuerzo de acuerdo, pero no cuando la exclusión es la norma. El problema de Trump es que ha decidido representar a una sola franja de la sociedad estadunidense y excluir otras, crecientemente mayoritarias al parecer, en vez de buscar representar a toda la sociedad, aunque sólo una parte haya votado por él. Esa decisión, la de representar a una parte y no a todos sus compatriotas, es el inicio de su fin político dentro del sistema presidencialista.

Para asegurar el funcionamiento del sistema presidencialista, la norma debe ser la negociación, no la imposición. Trump busca por todas las vías posibles violentar esa norma. El resultado de esa violencia es la polarización de la sociedad estadunidense. Tendrá un costo muy alto.

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