El dato incontrovertible

El secretario de Gobierno de la CDMX abrió fuego publicando una foto sentado en el C-5 y “supervisando” el desarrollo de la marcha, según sus propias palabras, y sentenció: “Marcharon entre 10 mil y 12 mil personas”

Antes de que terminara la marcha en defensa del INE, por lo menos en la Ciudad de México, comenzó el debate posmarcha, entre el oficialismo y la oposición. En un primer momento, el debate gira en torno al número de asistentes a la marcha.

El secretario de Gobierno de la Ciudad de México abrió fuego, publicando una foto sentado en el C-5 y “supervisando” el desarrollo de la marcha, según sus propias palabras, y sentenció: “Marcharon entre 10 mil y 12 mil personas”. Sin embargo, los miles de fotografías subidas a redes sociales confirman que la estimación oficialista no sólo peca de un problema de cálculo, sino que padece del ideologismo que permea todo el quehacer morenista: ofrecer “otros datos de la realidad”, esperando que algún incauto los crea.

Es una marcha que seguía con integrantes esperando su turno para iniciar la caminata en el Ángel de la Independencia, cuando José Woldenberg ya había terminado de leer su discurso, a varios kilómetros de distancia. De haberse realizado en línea recta, fue una marcha que pudo haber tenido unos 12 kilómetros de extensión. Los organizadores han oscilado en sus cálculos de entre 200 mil, 300 mil, 500 mil y 700 mil participantes. Correctamente se hacían evaluaciones a partir del número de kilómetros de largo del contingente, lo ancho de la avenida Reforma y el número de personas que caben en un metro cuadrado (¿4?, ¿2?). A partir de cierta medición estadística y dependiendo del cálculo de las mediciones, las estimaciones del número de participantes oscilan entre 300 mil y 600 mil personas. Como sea, la asistencia de una marcha con esa cantidad de participantes (que superó por mucho las expectativas de los organizadores) abre la puerta a un escenario político nacional inédito.

Las razones de la participación ciudadana tan alta dan pie a reflexiones necesarias, para la oposición ciudadana, partidista y social. Obviamente, las marchas en todo el territorio nacional confirman la existencia de una amplia franja de la sociedad mexicana francamente desafecta con el gobierno de López Obrador. Incluso se percibió que un número de los participantes expresan, con su mera presencia, la desafección con el gobierno, dado que varios de ellos han sido, hasta hace poco, adictos a Morena, la 4T y el propio López Obrador. Su participación fue discreta, pero ahí estaban, protestando con sus presencias opuestas a la contrarreforma obradorista.

La alta participación de sectores tan diversos de la sociedad, en cuanto edades, orientación política, religiosa y estrato socioeconómico habla de que todos los ámbitos de la sociedad mexicana se sienten tocados por la intencionalidad del gobierno de pervertir los procesos electorales ilegalmente a su favor. Saben que la perversión es el primer paso para no ceder el poder y para eliminar la alternancia de nuestra cultura política moderna. Existió un estado de ánimo social combativo, en defensa de las instituciones, pero también de una situación de alerta de todos ante la presión regresiva y, por tanto, reaccionaria del gobierno de López Obrador por hacer devolver el reloj nacional varias décadas.

Lo que más temía López Obrador con la marcha ocurrió. Temía que del evento podría surgir la confirmación de que se está construyendo en México un nuevo bloque gobernante alternativo de amplio espectro, con una agenda democrática, plural e incluyente, no dependiente de una persona, sino de un acuerdo político puntual respetado por todos sus integrantes. Y es un bloque gobernante con serias posibilidades de sustituir a la 4T en el 2024, ofreciendo un gobierno de coalición como alternativa.

Mientras la 4T se divide internamente y se fractura entre radicales y moderados, siguiendo el libreto de todo movimiento político condenado al fracaso, la oposición asoma la cabeza de un nuevo pacto social capaz de recuperar el mando del país y construir un México moderno, incluyente y democrático, en libertad.

Este hecho es el resultado incontrovertible de la marcha. Y es el dato real, incuestionable, que hace temblar a López Obrador. Lo atacará, pero no lo podrá controvertir.

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