El alma negra

La guerra en Oriente Medio es producto precisamente del mismo pensamiento dogmático y fanatizado. El origen último de ese conflicto proviene de que cada religión cree que la única verdad posible es la suya

El presidente López Obrador ha labrado su legado consistentemente. Ataca, difama, hostiga e insulta. No se comporta como Presidente, sino como el vándalo del barrio. Y ha educado a una generación de sus seguidores que ése es el mejor método para ejercer el poder y, también, para retenerlo. La idea morenista de gobernanza es nunca dialogar con la oposición ni reconocerle representatividad y mucho menos pactar medidas legislativas importantes. Para AMLO, lo único con validez es lo que él logró imponer por la fuerza al resto de la sociedad.

Su convicción es de que existe un solo pensamiento posible y legítimo para México: el suyo. Ése es el dogmatismo que mata a las sociedades, y las hunde en la intolerancia y la violencia.

La guerra en Oriente Medio es producto precisamente del mismo pensamiento dogmático y fanatizado. El origen último de ese conflicto proviene de que cada religión cree que la única verdad posible es la suya y el único Dios verdadero es el que pregona. A partir de ese extremismo y fanatismo, cada religión supone que goza de licencia para matar a todo aquel que no comparte su punto de vista. Judíos, musulmanes y cristianos están convencidos de que la única y verdadera palabra y libro sagrado es el suyo. Nunca se convencerán entre sí, y el único camino para la resolución de sus conflictos es la tolerancia y respeto al pensamiento ajeno. Algo tan simple, pero tan complejo de lograr a la vez. Sin tolerancia, terminarán matándose entre ellos.

Ahora mismo se escucha al sector del cristianismo fundamentalista estadunidense alegar que nunca se podrá negar lo que dicen sus Escrituras en su Biblia, donde se afirma que los judíos mataron a Jesús y lo crucificaron. En medio de la guerra en Oriente Medio, los cristianos estadunidenses entran al debate para defender sus postulados sobre la muerte de su guía, y advierten que no habrá misericordia alguna para sus “asesinos”. ¡Ufff!

Ese mismo método de pensamiento fanático y excluyente es promovido en México por López Obrador. Cuando se le escucha hablar de lo que él llama “neoliberalismo”, se percibe que no se está refiriendo simplemente a un modelo económico distinto. No. Él se concibe a sí mismo como un pastor que asegura llevar al pueblo por una ruta para alejarse del mismísimo infierno y de las tentaciones diabólicas de la maldad, la perversidad y el pensamiento equivocado que llevará a la humanidad a su destrucción. Lleva a su “pueblo” a huir de Sodoma y Gomorra. Huye del Pecado Mayor: la avaricia, la gula y la envidia.

Según AMLO, todo esto es producto de una plaga ancestral llamada “neoliberalismo”. Se considera el fundador de una nueva iglesia, llamada la Cuarta Transformación, que viene a imponer su pensamiento en la Tierra, a convertir a los incrédulos y a destruir a los que se resisten a reconocer la verdad. No deja otra opción: o te sumas a su pensamiento o te destruye. El asunto es bíblico, porque él piensa en términos cristianos. Es por ello que asume su papel de gobernante-pastor y exige sumisión total de sus seguidores a sus postulados. E, increíblemente, sus seguidores le creen y hacen su voluntad. Votan sus medidas legislativas sin cambiar una sola coma. Los funcionarios violentan la ley cuando él les ordena hacerlo, los soldados son pasivos robots que “cumplen su deber”, mientras sus ideólogos justifican todos sus dichos, especialmente cuando no tienen ningún fundamento en la realidad.

Él seguirá por esa ruta de fanatización de sus dichos y acciones mientras la sociedad no le ponga un alto. La destrucción del tejido social y la desmoralización de la sociedad se están convirtiendo en su logro mayor como gobernante. Él seguirá destruyendo todo lo que pueda hasta que la sociedad mexicana se percate de que es gobernada por un sujeto que tiene el alma negra, desprovista de toda empatía. Todo lo que toca se desvanece y muere. Todo lo que dice pudre las relaciones entre seres humanos e instituciones. Todo lo que pretende logra dañar a otros, destruyéndolos, de ser posible. Quiere convertir a México en algo que no es: la iglesia de la intolerancia, el fanatismo y la persecución. Sus corifeos lo secundan.

Frenar la ola del alma negra es la firme intención de millones de mexicanas y mexicanos, el próximo 2 de junio. Y, como escala intermedia, nos reuniremos en los zócalos de todo el país el próximo 19 de mayo para fortalecer el estado de ánimo a favor del cambio por la tolerancia, la libertad y la paz. Y por arrancar el alma negra que pretende entristecer a una nación entera.

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