Desesperada búsqueda del amor
La pobreza creció y la desigualdad económica también. Si hay algún éxito económico es debido a las remesas de los compatriotas que viven en Estados Unidos.
Para el próximo sábado 1 de julio el presidente López Obrador está convocando a una gran manifestación en el Zócalo capitalino para ser festejado, reconocido, vitoreado, amado. Recuerda al cartel que aparece en el western italiano Los héroes de Mesa Verde: por todo el pueblo está colocada una fotografía del gobernador y la frase: “El pueblo ama al gobernador. El gobernador ama al pueblo". Y en realidad existe un movimiento revolucionario en curso que termina por derrocar a ese “gobernador amado".
¿Por qué los gobernantes quieren convencer al público del amor que reciben del pueblo con publicidad? ¿No es suficiente con que sea real ese vínculo o afecto entre pueblo y gobernante? ¿Es necesario divulgar y publicitar el hecho, porque pudiera no ser real?
Ciertos gobernantes viven en la duda permanente sobre la veracidad, o no, del afecto de sus gobernados. Esa inseguridad puede surgir de varios orígenes. Uno es que el gobernante enfrenta a una sociedad dividida y que vive en conflicto. En ese caso, es entendible la duda. Otro origen es una inseguridad personal del propio gobernante y su duda permanentemente sobre los afectos en general, personales y políticos.
Un tercer caso es el gobernante que llegó al poder con un fuerte consenso social y busca su ratificación, habiéndose enamorado del aplauso público. El último caso es debido a que el gobernante llegó al poder con apoyo fuerte, habiendo ofrecido resolver todos los problemas de la sociedad, e incumplió con su promesa. La falta de sus resultados se suple con campañas intensas de publicidad y eventos donde se ratifica: “El pueblo ama al presidente y el presidente ama al pueblo”.
Este último es el caso del presidente López Obrador ante su evento del sábado 1 de julio próximo. El Presidente ha fracasado en prácticamente todos los rubros de su gestión y, por tanto, ante todas sus promesas de campaña. La lista es larga.
En seguridad, el país no sólo no ha avanzado, sino que deja a su sucesor una gigantesca crisis de inseguridad. El retroceso se confirma con el hecho de que el sexenio terminará con el doble de muertos por concepto de narcotráfico que el periodo de Calderón. Creó una Guardia Nacional que es un cuerpo de seguridad mal organizado, incompetente y sin identidad corporativa como institución.
Ante ese desastre, el Presidente militariza al país y quiere convertir a los altos mandos de las Fuerzas Armadas en socios capitalistas de su partido político, pero evitar la alternancia en 2024.
Ataca a las instituciones que exigen combatir la corrupción. Existe una percepción popular de que la corrupción campea por todos los rincones de su gobierno. Los órganos autónomos exigen la rendición de cuentas, cosa que es repelente para el Presidente.
El sistema de salud se destruyó con una supuesta sustitución que fracasó estrepitosamente. Millones de mexicanos perdieron acceso a algún servicio de salud. Hablar de Dinamarca es una broma macabra.
La pobreza creció y la desigualdad económica también. Si hay algún éxito económico es debido a las remesas de los compatriotas que viven en Estados Unidos. Y, en su política exterior, el Presidente ataca e insulta a la única gallina de los huevos de oro de nuestro país: el T-MEC.
El sistema educativo entró en retroceso con la eliminación de las escuelas de tiempo completo. Hoy, los estudiantes mexicanos están peor preparados para enfrentar el mundo laboral y profesional moderno.
Tan mal están los resultados de este sexenio que el Presidente se siente necesitado de convocar a un evento donde miles serán obligados a asistir para vitorearlo.Y todo porque el Presidente, sabiendo de su fracaso, busca desesperadamente un poco de amor.
