Cumbre Iberoamericana
Fue comentada ampliamente la ausencia de México en la cumbre. La hipótesis compartida en torno a la ausencia del presidente López Obrador se debió presumiblemente a que sigue enojado con el rey Felipe VI
La Cumbre Iberoamericana número 28 terminó con un acuerdo mínimo para defender la soberanía e integridad territorial de los países, pero fue incapaz de acordar ese criterio en el caso de la invasión rusa a Ucrania, por diferencias políticas entre algunos líderes que apoyan a Putin y otros que se definen por el pueblo ucraniano, estos últimos encabezados por España.
Sin embargo, la discusión en la cumbre, realizada en la República Dominicana, tuvo otras prioridades. Una de ellas ha sido la bandera central de países de la zona del Caribe. La preocupación por el cambio climático es un tema de vida o muerte para la mayoría, si no la totalidad, de los países isleños del Caribe. Temen desaparecer con el incremento de los niveles del mar, producto del deshielo de los dos polos del globo terráqueo: norte y sur. Lo expresó correctamente el presidente Petro, de Colombia: “Si no se toma en serio el cambio climático, en 2070 este salón donde estamos reunidos se habrá inundado y no existirá más”.
Líderes de 22 países de habla española y portuguesa acordaron un pacto verde para la región, una estrategia de seguridad alimentaria, una carta de derechos digitales y un plan de acción para la cooperación iberoamericana 2023-26. En la Declaración de Santo Domingo, firmada por el conjunto de países al final de la cumbre, se estableció como prioridad extender acciones para ayudar a que la República de Haití pueda recuperar la paz interna y emprender el camino al desarrollo sustentable.
Fue comentada ampliamente la ausencia de México en la cumbre. La hipótesis compartida en torno a la ausencia del presidente López Obrador se debió presumiblemente a que sigue enojado con el rey Felipe VI por no haberle contestado una carta en la que le exigía a España disculparse por los excesos cometidos durante la colonización de las Américas.
México mandó una subsecretaria de Relaciones Exteriores en representación del país, ni siquiera al canciller. Por priorizar su enojo con el rey de España, México terminó desairando a toda América Latina y, muy especialmente, al Caribe. La actitud infantil de López Obrador dejó en claro que México aplica una política exterior desde el hígado presidencial y no desde una racionalidad política sobre qué es lo que conviene al interés nacional.
Los países de la Cuenca del Caribe son la zona natural de influencia de México. Tanto los países propiamente del Caribe como los de Centroamérica, además de Colombia y Venezuela, conforman la Cuenca del Caribe que debiera estar fuertemente ligada a los intereses históricos, geopolíticos y estratégicos de México. La Cumbre Iberoamericana en Santo Domingo era un momento estelar para la política exterior de México, pues hubiera podido mostrar su influencia en la región. La ausencia de Brasil (Lula sufrió una enfermedad que le impidió viajar, aunque sí envió a su canciller en representación de Brasil), el mayor competidor de México en materia de influencia latinoamericana, le ofrecía a México la oportunidad de ocupar un papel central en la Cumbre.
Pero México optó, una vez más, por el boicot de facto a un encuentro de carácter regional. Igual hizo con la Cumbre por la Democracia que organizó el presidente Biden en Los Ángeles, California, el año pasado. En esa ocasión convocó a toda América Latina a boicotear el evento porque Biden se negó a invitar a Cuba, Nicaragua y Venezuela, por ser países ajenos a cualquier criterio democrático. En ese caso, sólo dos países irrelevantes se sumaron al boicot de López Obrador: Honduras y Bolivia.
México pierde presencia política al ignorar eventos como la Cumbre Iberoamericana. Pero, aún más importante, pierde autoridad ante los gobiernos de la región, esencialmente de la Cuenca del Caribe, al mostrarse desinteresado, no confiable y ausente. Ésa es la imagen que México proyecta al mundo y hacia sus socios.
