Contrastes en el debate sobre la violencia
La comparecencia de Omar García Harfuch, secretario de la Secretaría de Seguridad Ciudadana federal, merece una mirada escéptica. La ocupación territorial del crimen organizado y la corrupción entre políticos de alto rango en nuestro país, ligados al narcotráfico. ...
La comparecencia de Omar García Harfuch, secretario de la Secretaría de Seguridad Ciudadana federal, merece una mirada escéptica. La ocupación territorial del crimen organizado y la corrupción entre políticos de alto rango en nuestro país, ligados al narcotráfico. Además, el ambiente festivo y frívolo les permitió a los senadores evadir la discusión sobre el impacto de la delincuencia en nuestras relaciones con la comunidad internacional, empezando por Washington. No se dijo el contenido de las conversaciones y acuerdos con las autoridades de las agencias de seguridad de Estados Unidos, notoriamente el FBI, Homeland Security y la DEA.
Mientras las senadoras revoloteaban alrededor del secretario, tomandose selfies como las más adiestradas groupies, el personaje logró crear el mito de que “vamos por buen camino” en materia de seguridad en México. Permeó la impresión de que hay una nueva política en materia de seguridad y que estamos ante el entierro del “abrazos, no balazos”.
El Inegi comedidamente publicó su Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) un día después de la comparecencia, básicamente como una cortesía al funcionario para que no se incomodara con las cifras que en realidad contradicen su tesis fundamental de que todo va mejor en materia de seguridad.
¿Qué dice la ENSU? Que 68% de las mujeres se sienten inseguras y que 56% de los hombres, también. En conjunto, 63% de los mexicanos se sienten inseguros en sus localidades. Como consecuencia de la percepción generalizada de inseguridad, un 79% de la población respalda la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles. Es una conclusión obvia para una población en pánico: ante el terror, acepta una fuerza, la que sea, que me defienda. No hay que ser genio para arribar a esa conclusión. Habla de un problema que no sólo no está resuelto, sino que tiende a profundizarse. La ENSU también describe el desasosiego de la población a futuro. La expectativa de una mayoría de ciudadanos (58%) es que la situación de la inseguridad se mantendrá igual de mal o que va a empeorar.
Igualmente, la percepción sobre conductas de “incivilidad”, como consumo de alcohol en las calles, robos o asaltos, venta y consumo de drogas, etc., es que seguirán creciendo, lo cual refiere a la percepción social generalizada de que no existe una autoridad capaz de poner freno a esas conductas callejeras. Es una conclusión que promueve el desasosiego social.
La encuesta confirma que se valora a las Fuerzas Armadas por encima de las autoridades policiales/ministeriales y civiles locales. Esto plantea una contradicción para Harfuch. Él dirige a las fuerzas de seguridad menos apreciadas por la ciudadanía, mientras la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional, que son las fuerzas de seguridad más apreciadas, no responden a su comando.
La ENSU también reporta que la población tiene la percepción de que el gobierno, en sus tres niveles de ejercicio, es poco capaz de dar solución a los problemas que aquejan a las poblaciones urbanas de México. Si bien se le reconocen logros mayormente al gobierno federal, que a los estatales o municipales, la aprobación es muy baja, un 30% a nivel nacional.
La gran contradicción entre la comparecencia eufórica de Omar García Harfuch y las conclusiones de la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana es que arroja conclusiones completamente contrastantes. Es la diferencia entre el discurso de un político buscando reflectores y aplausos y un pueblo hablando de sus angustias existenciales cotidianas. Entre ellos existe un abismo.
