Conciliábulo morenista explosivo

Hay cuestionamientos acerca de la legitimidad y legalidad del Consejo.

Advertencia: escribo este artículo horas antes de la realización del conciliábulo morenista donde se establecerán las reglas para definir su candidatura presidencial. Por tanto, escribo recurriendo a elementos previsibles, aunque proyectivos, como antecedentes. Tomaré en cuenta eventos anteriores parecidos del PRD y del mismo Morena, porque comparten la misma cultura de conflictividad interna. También son relevantes pronunciamientos recientes de los diversos actores relevantes, como los precandidatos, además de la “oferta de paz" de AMLO a los varios actores en la ahora famosa cena de un lunes reciente, donde “cada quien pagó su consumo" (sic), cuyo lema fue “un hueso para todos".

El primer hecho notorio es que ningún evento “estatutario” de Morena se ha realizado arrojando un saldo con consensos sin imposiciones. Todos los eventos terminaron en conflicto, provocando más disensos internos y dudas sobre la legalidad estatutaria y constitucional de sus acuerdos. Tan es así que incluso la integración legal de la plantilla de miembros del Consejo Nacional que se reunirá está en duda. La dirección del partido nunca se atrevió a publicar las cifras de los resultados finales por las impugnaciones que se dieron en torno a la compra de votos con dinero público, el acarreo de votantes y el uso ilegal de los programas sociales como instrumento de chantaje de unos candidatos favorecidos por sectores de la nomenclatura para avanzar sus propios intereses. Hay quienes postulan que el Consejo Nacional de Morena ha sido “comprado” por postores diversos para avanzar sus intereses particulares o de grupo.

El punto de partida de la sesión del Consejo Nacional de Morena es el cuestionamiento a su legitimidad y legalidad. Desde antes de la realización del evento, el presidente del Consejo, el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, ya decretó quiénes pueden ingresar al evento y quiénes no tendrán acceso al recinto. Esto, porque siguen las impugnaciones acerca de quienes ganaron o perdieron el derecho a ser miembros del Consejo desde la elección misma, una elección cuyas impugnaciones no han sido plenamente resueltas conforme a derecho. Durazo ya decretó que la corriente de John Ackerman y Eréndira Sandoval no tendrá acceso al Consejo. ¿Quiénes más han sido excluidos?

Estar hablando de exclusiones a estas alturas del juego habla de una organización no sólo inmadura e imperfecta, sino también de su susceptibilidad y fragilidad para tolerar el cuestionamiento a la legitimidad y legalidad de sus decisiones.

Y no es un tema menor. En 2012 y en 2018 la estructura y el manejo de la encuesta definió, antes del levantamiento, quién resultaría ganador. Sabiendo esto, por ejemplo, tanto Ricardo Monreal como Marcel Ebrard quieren que la encuesta contenga una sola pregunta, y a población abierta (¿Quién debería ser el candidato de Morena?). En cambio, tanto Claudia Sheinbaum como Adán López quieren varias para “sopesar” el resultado entre varias respuestas (¿Quién seguirá la Cuarta Transformación? ¿Quién interpreta mejor la concepción política de López Obrador? ¿Quién es más leal a López Obrador? Por tanto, ¿quién debería ser el o la candidata de la 4T a la Presidencia?). Obviamente éstas son preguntas cerradas a los simpatizantes de Morena, y no están dirigidas a población abierta. Éste es el centro de la disputa entre los precandidatos morenistas. Una sola pregunta arroja un resultado concreto, y varias de ellas posibilitan “sopesar” valorativamente distintos resultados y le permite al Presidente la última palabra. Que es, probablemente, lo que él quiere.

La combinación de una organización política imperfecta e impugnada, pero resuelta a tomar decisiones políticas trascendentes sobre sus diversos actores, permite prever un coctel explosivo y sin un pronóstico certero. Incluso, a pesar de la oferta presidencial de huesos para todos, queriendo acallar críticas y desactivar protestas o rupturas.

Temas:

    X