Bolivia cambia de rumbo
Luis Lucho Arce logró que los jueces impidieran que Evo se postulara de nueva cuenta a la presidencia. Y fueron más allá: acusaron a Evo e estupro y buscaron arrestarlo
Durante su estancia como expresidente exiliado en México, Evo Morales convenció a Andrés Manuel López Obrador sobre los beneficios de elegir por elección popular a los integrantes del Poder Judicial. En Bolivia le había servido para contar con los jueces aliados necesarios para llevar adelante su proyecto de gobierno. Dijo Evo que le facilitó el control sobre los tres Poderes del Estado. Pensó que controlaba al Ejército, pero se equivocó a la hora de nombrar al comandante en jefe, y no le fue leal. De ahí su exilio.
Cuando el nuevo presidente de Bolivia, Luis Lucho Arce, rompió políticamente con Evo y se le enfrentó, lo hizo manejando a sus jueces contra los jueces de Evo. La guerra política entre ellos se dirimió en parte entre juicios legales con los jueces defendiendo a Evo contra jueces de Lucho, el presidente. El Poder Judicial fue el terreno donde se expresó la guerra política entre los dos líderes del MAS, el partido político de ambos.
Lucho logró que los jueces impidieran que Evo se postulara de nueva cuenta a la presidencia. Y fueron más allá: acusaron a Evo de estupro y buscaron arrestarlo. Los jueces de Evo lo impidieron y las cosas quedaron en que Evo se refugió en su zona del Chapare, la zona cocalera de Bolivia, rodeado de gente armada, y leal.
Ante las elecciones presidenciales, el MAS presentó tres candidatos: el de Evo, el de Lucho y al presidente del Senado boliviano. Entre los tres, no suman más de 13% de las preferencias electorales. En cambio, los dos candidatos punteros representan a distintas facciones de la derecha boliviana, una más moderada que la otra. Uno de los dos seguramente será el próximo presidente de Bolivia. Evo decidió llamar a la anulación del voto. En Bolivia el voto es obligatorio.
Dos grandes terrenos son la causa del ocaso de la izquierda en Bolivia. Uno se debe a la transformación de los integrantes del Poder Judicial en activos políticos de los líderes en conflicto, a partir de su elección por voto popular. Hoy por hoy, el Poder Judicial en Bolivia responde a intereses políticos ajenos al ejercicio legal, y tuerce su interpretación de la ley bajo ese prisma. Así, el Poder Judicial boliviano se ha convertido en rehén de los distintos grupos políticos en el gobierno. Es el terreno de verdaderas guerras entre mafias políticas.
El otro terreno de conflicto es el de la gestión económica y social. Los gobiernos del MAS pregonaron, como sonsonete, la soberanía nacional, entendida como liberación nacional, basada en la industria petrolera nacionalizada como fuente de recursos para el financiamiento público. Marginaron a las empresas privadas y el gobierno asumió la gestión de la industria petrolera, llevándola rápidamente a la ruina por ineficacia y corrupción.
La escasez de gasolina llevó a la economía a una situación de estancamiento y una inflación fuera de control. A la par de ello, empezó a haber escasez de alimentos y materias primas por la falta de divisas, especialmente dólares. El mercado negro de divisas aceleró la dinámica inflacionaria.
La mala gestión económica, mezclada con corrupción, hizo que, a pesar de un gasto importante en programas sociales, donde se entregaba dinero en efectivo a la población, los pueblos y ciudades se volcaron en contra del gobierno identificado con el MAS, con Lucho Arce y con Evo Morales. Inicialmente sacaron a muchos bolivianos de la pobreza, pero la mala gestión hizo que cayeran nuevamente en un estado de pobreza.
El gobierno ineficiente y corrupto se combinó con el uso del Poder Judicial como un instrumento de guerra contra enemigos, provocando que Bolivia decidiera cambiar de rumbo, siguiendo los dictados de Sun Tzu: “El hombre sabio encuentra su verdadero camino”. Siguiendo los pasos de Argentina, Perú y Ecuador, Bolivia ha decidido dejar atrás a los gobiernos de la izquierda populista, autoritaria y corrupta para buscar otro camino, menos ideológico y más identificado con plataformas políticas que buscan soluciones económicas más entendibles por la mayoría, de mercado con libertad y sentido social.
El resultado de los votos indica que habrá una segunda vuelta el 19 de octubre entre los dos candidatos punteros, ambos de la derecha. Bolivia cambia de rumbo.
Y que esto le sirva de advertencia a México.
