Fiel a su estilo de gobernar, Morena ahora lanza su bola demoledora de instituciones contra el Instituto Electoral de la Ciudad de México. Amparándose en la cantaleta de la austeridad, la propuesta morenista en la Ciudad de México pretende demoler la eficacia en la administración, vigilancia y la fiscalización de los procesos electorales en la Ciudad de México.
¿Qué quiere lograr Morena con este cambio que propone? Tiene varios objetivos en su mira. Uno de ellos es hacer una reforma “espejo” con la reforma electoral que el presidente López Obrador propone para el INE. En ambos casos, la punta de lanza justificadora de su propuesta es la “austeridad”.
La austeridad se ha convertido en la manivela que pone en operación la bola demoledora de las instituciones de este gobierno. Este caso no es la excepción. Así como el Presidente arguye que nuestro sistema electoral es de los más caros del mundo, la propuesta morenista para la Ciudad de México alega exactamente lo mismo. Y, al igual que a nivel federal, en la CDMX se niegan a explicar que la democracia cuesta para que sea un instrumento incuestionable a la hora de dar resultados que los perdedores deben acatar.
Otro objetivo es reducir la capacidad del instituto electoral para fiscalizar las acciones presuntamente ilegales de los actores políticos, tanto de partidos y candidatos. ¿Por qué le preocupa la fiscalización a Morena? Fácil: porque es el partido que viola sistemáticamente las leyes electorales y se prepara para hacer lo mismo en 2024, en gran escala.
La experiencia de la votación por la revocación del mandato es el ejemplo emblemático de cómo Morena ignora y viola las leyes electorales ante los ojos de la sociedad, y logra salirse con la suya. Ni el INE ni el TEPJF han reprobado categóricamente las conductas ilegales del Presidente y el resto de funcionarios públicos que hicieron campaña. Los tibios reclamos institucionales nos confirman que esas mismas conductas seguirán de ahora en adelante. Y para eliminar las molestas quejas de órganos electorales, la solución, reza la lógica morenista, es debilitarlas desde ahora, especialmente en su capacidad de fiscalización.
Y, finalmente, ¿por qué se empieza con el IECM? Porque pueden, y porque su destrucción será el modelo emblemático para el resto de los estados, y reforzará la propuesta del Presidente por destruir el INE.
La propuesta morenista de debilitar al IECM también es otro guiño, como si faltara, de la jefa de Gobierno al Presidente de la República. Tanto guiño a AMLO refleja inquietud del alma capitalina, pues definitivamente no proyecta tranquilidad. Así estarán las cosas entre ellos. Ella, “la más querida”, pero no necesariamente la elegida. Su gestión en la ciudad no ha sido un fracaso, pero tampoco brilla por sus éxitos. La mediocridad es el sello de la casa, y la falta de empatía y carisma el detalle más comentado. Además, tanto ella como Ebrard están atrapados en el laberinto de la Línea 12, fenómeno que arrastra a los dos al infierno de la inelegibilidad.
La propuesta de Morena para imponer la “austeridad” en el IECM es su instrumento para demoler esa institución. Quiere convertir al instituto electoral en un cascarón incapaz de fiscalizar la intención que trae Morena de imponerse en el 2024, con y contra la ley.
¡Muera la fiscalización!, parece ser el grito de guerra de Morena para las futuras elecciones.
