Bando 2 y Norma 26

La escisión de la izquierda mexicana en dos partidos PRD y Morena, junto con diversas expresiones menores de diversas tendencias, abre la posibilidad de diseccionar sus políticas públicas para comprender hacia qué rumbo se mueve y cuáles son sus discrepancias. El ...

La escisión de la izquierda mexicana en dos partidos (PRD y Morena), junto con diversas expresiones menores de diversas tendencias, abre la posibilidad de diseccionar sus políticas públicas para comprender hacia qué rumbo se mueve y cuáles son sus discrepancias.

El tema de desarrollo urbano es un punto neurálgico para entender de qué es capaz un gobernante –o dos– que pregonan el “progresismo”.

En el contexto de la discusión sobre políticas públicas ante el desarrollo urbano, se puede englobar prácticamente el universo de temas que atañen a la vida humana.

Sobre las políticas urbanas se debe discutir la igualdad social, la sustentabilidad, el acceso a vivienda digna, además de los servicios urbanos como abasto de agua, recolección de basura, alumbrado público y mantenimiento de la infraestructura urbana en general.

También es pertinente analizar las políticas de movilidad, empleo y facilidades fiscales, prestaciones sociales que garanticen accesibilidad, la seguridad pública, además de las condiciones de habitabilidad que promuevan la integración familiar.

El Bando 2 fue la política de desarrollo urbano del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Se anunció como una política para estimular la construcción de vivienda de interés social en la Ciudad de México, aunque en realidad terminó siendo un impulso a la construcción de vivienda de interés medio y alto.

El Bando 2 relajó los estándares constructivos de la ciudad y eliminó, de golpe, las restricciones que imponía la reglamentación sobre los usos de suelo. La disposición de la autoridad a ignorar normas y restricciones coincidió con un boom inmobiliario de los desarrolladores, quienes operaron con total impunidad en las cuatro delegaciones centrales de la ciudad: Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Venustiano Carranza y Cuauhtémoc. 

En contrapartida, el crecimiento descontrolado de edificios generó un gran malestar vecinal. De repente las construcciones invadían zonas enteras de la ciudad, expulsando habitantes y generando desabasto de agua, cortes en energía eléctrica, insuficiencia en los servicios de drenajes y recolección de basura, además de crisis de movilidad y auge en la inseguridad. Era imposible encontrarle el lado bueno al boom inmobiliario. Así le fue a la ciudad durante los seis años de ese gobierno.

El siguiente sexenio, de Marcelo Ebrard, percibió el malestar vecinal y respondió con inaudito cinismo: ofreció anular el Bando 2, cosa que hizo, pero emitió simultáneamente la Norma 26, que era el Bando 2 reloaded.

Se amplió la liberación de normas constructivas y usos de suelo, pero ahora a toda la ciudad, no solamente en las cuatro delegaciones centrales. Es decir, más y más agresivo. La clave del éxito del Bando 2 y su hija, la Norma 26, era que no pedían planificación urbana ni imponían estrictos controles a los desarrolladores vía regulación gubernamental. No. Permitía todas las violaciones a la ley y maniataba a la autoridad para actuar con espíritu regulador. Hasta que los ciudadanos se hartaron y se movilizaron contra el gobierno, exigiendo la cancelación de la Norma 26 y el castigo tanto a desarrolladores incumplidos, como a funcionarios corruptos. Ebrard tuvo que cancelar temporalmente los efectos de la Norma 26.

Es de notarse que en la escisión de la izquierda, quienes se han unido en un polo –el de Morena– son los impulsores del Bando 2 y la Norma 26. Un polo que, finalmente, parece haberse unido en torno a sus complicidades y no tanto en torno a un proyecto de nación.  

                Twitter: @rpascoep

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