Argentina marca el cambio de época

La derrota de Sergio Massa replica olas hacia toda la región

Argentina repudió al peronismo, al kirchnerismo, al izquierdismo y a la retórica populista que ha acompañado esa gestión desde hace más de dos décadas. En ese tiempo ha recibido el apoyo político de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Lula da Silva y Andrés Manuel López Obrador.

La gestión económica ha sido errática y, por tanto, llevó a Argentina a ser la economía peor administrada en toda América Latina. Ha querido presentarse como un modelo económico alternativo a lo que retóricamente identifica como el enemigo a vencer: el neoliberalismo.

Por neoliberalismo identifican políticas de libre mercado, libre movimiento de capitales, Estado de derecho de estricta aplicación, libertad para negociar salarios sin la intervención del Estado, comercio global y la reducción del Estado a un papel de regulación, mas no administrador de empresas. Afirman que pretende la explotación despiadada de la mano de obra.

Pero resulta que, fuera del papel cada vez mayor del Estado en la gestión económica, el peronismo en Argentina, Lula en Brasil, Petro en Colombia, Boric en Chile y Andrés Manuel López Obrador en México administran políticas económicas neoliberales, globalistas y fomentan la inversión extranjera directa en todos sus países, para lo cual requieren de políticas fiscales y de gasto público prudentes y legalmente definidas. Y siguen con la explotación despiadada de la mano de obra.

México, en particular, está atado, incluso constitucionalmente, a la economía estadunidense, a través de T-MEC, que fue firmado por el mismo presidente López Obrador. El T-MEC confirma el modelo de economía de mercado “neoliberal” en toda su expresión. Cualquier asomo de rebeldía verbal y retórica por parte del Presidente es visto con sorna, aunque sea objetivamente una amenaza a la economía mexicana y los más de 30 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos.

¿A qué viene esta explicación sobre gobernantes latinoamericanos que alegan ser de izquierda, pero, en realidad, aplican políticas económicas neoliberales que retóricamente repudian? Viene al caso porque los gobiernos de la izquierda latinoamericana están rápidamente perdiendo su credibilidad, su vigencia, mientras su apoyo electoral empieza a evaporarse. Ahí están Petro y Boric viviendo altos niveles de rechazo, Lula anulado con el Congreso en contra y López Obrador temiendo una derrota el próximo año.

La victoria de Milei en Argentina es señal inequívoca de que esas posiciones retóricas, populistas e hipócritas de la izquierda en América Latina tienen fecha de caducidad y vencimiento. Por ejemplo, la política de todos esos gobiernos de usar los programas sociales y el regalo de dinero a manos llenas para asegurar votos ganadores no necesariamente funciona. Se dice que Sergio Massa habría gastado cerca de 10 mil millones de dólares en apoyos sociales en los últimos meses de su campaña.

La tendencia política general en América Latina estaría marcando una vuelta hacia el centro político, con inclinación más derechista o conservadora. El cansancio con la retórica izquierdista sin resultados ni mejoras se ha hecho presente y recorre todo el continente.

Son procesos complejos de transformación y responden a ciclos de la historia de nuestra región. Una de las consecuencias va a ser política, para los regímenes autocráticos de la región: Venezuela, Cuba y Nicaragua. Lo que acontece en Argentina es la confirmación de un principio básico de la democracia: la alternancia es la piedra angular del desarrollo de los países. Ésos  que se niegan a la alternancia son los que dejarán de ser referentes y tenderán a desaparecer, si no físicamente, sin duda en cuanto a su influencia política. López Obrador se equivocó al apoyar abiertamente a Petro, quien ha resultado ser un fracaso, y ahora a Massa en Argentina. Pero lo hizo porque cada derrota es una señal para él de que la alternancia en México no sólo es una posibilidad, sino que es inevitable.

La derrota de Massa replica olas hacia toda la región. Y retumba en los oídos de López Obrador.

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