AMLO, Petro: ¿guerra contra las drogas?

El gobierno mexicano y el narcotráfico viven una suerte de Pax Narcotiana

Tras una conversación reportada como de “cinco horas”, los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador, y de Colombia, Gustavo Petro, anunciaron el acuerdo de reconsiderar la estrategia de luchar contra las drogas. Al parecer decidieron que ha sido un fracaso la lucha contra las drogas, impulsada, principalmente, por diversos gobiernos sucesivos de Estados Unidos. Acordaron convocar a una Conferencia Internacional de Mandatarios de Latinoamérica con el propósito de replantear la estrategia de confrontación con los grupos de traficantes.

En tonos distintos, ambos presidentes se han referido al tema durante los últimos tiempos. Mientras López Obrador ha promovido la política de “abrazos, no balazos” y un enfoque que busca atender las causas de la violencia, Petro ha hablado, genéricamente, de la necesidad de acabar “con la irracional guerra contra las drogas”.

Aparentemente están en la misma página y hablando de lo mismo. Pero una mirada más cercana lleva a la conclusión de que se están refiriendo a realidades muy dispares.

Colombia ha vivido más de 50 años sumergida en una guerra de guerrillas, donde el combate entre socialismo y capitalismo se desarrolló durante los años de la llamada Guerra Fría. Como respuesta, el Estado colombiano consolidó un ejército y una policía nacional con gran fuerza bélica para responder a la guerrilla y, posteriormente, al surgimiento de fuertes grupos de traficantes de drogas. El ejército enfrentaba a la guerrilla como tema de seguridad nacional y la policía nacional persigue a los traficantes de drogas, considerados un problema de seguridad pública.

Las FARC depusieron sus armas, no así el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Así que en la actualidad, y de manera formal, existe un estado de guerra en Colombia, a pesar de que ya se instaló una mesa de negociaciones entre el gobierno de Petro y el ELN en territorio venezolano.

El ELN sigue operando porque se ha transformado en traficante de droga, principalmente de cocaína, a los cárteles mexicanos. Esa metamorfosis de guerrilla socialista en narcotraficantes se dio de manera natural, porque así se financiaban como guerrillas protegiendo las rutas de distribución de droga, y cobrando el favor con armas y dinero. La transición hacia el tráfico de drogas fue muy sencilla. Hoy son ejércitos con origen militar y estructura ideológica, pero dedicados al tráfico internacional de droga.

Con ésos, Petro negociará “la paz en Colombia”. Para ello parece que se requiere permitir que sigan siendo traficantes a cambio de deponer las armas. Pero ¿si el negocio es exitoso porque es ilegal y el ELN tiene complicidades con los generales venezolanos también dedicados al trasiego de droga, entonces por qué deponer sus armas?

La situación de México es completamente diferente. No existe el sesgo ideológico. De hecho, son algunos funcionarios federales los que le quieren dar la importancia de “industria nacional” a los cárteles mexicanos. Pero la realidad es que existe una dinámica de complicidad y arreglo entre el gobierno federal y los cárteles. No existe intención en combatirlos y se han hecho socios a la hora de imponer sus candidatos en elecciones por todo el país. El gobierno ha bajado los brazos y permite que el narco opere con gran libertad, para su mayor conveniencia a la hora de hacer negocios. Existe un acuerdo tácito de coexistencia entre las fuerzas federales y las fuerzas irregulares del crimen organizado. En los hechos, AMLO ya cambió de estrategia ante el narco y México está en una fase de permisividad cómplice hacia los cárteles. La “guerra contra las drogas” no existe en México.

El alegato presidencial en el sentido de que existe esa guerra en México es una mentira.

Lo que para Petro podría ser un cambio de paradigma, no lo es para el actual gobierno de México. El gobierno mexicano y el narcotráfico viven una suerte de Pax Narcotiana. Lo que aparentemente busca Petro es un marco institucional para poder pactar con sus guerrilleros-narcos una ruta de pacificación sin sumisión, pero con el negocio de la droga funcionando. AMLO, por su lado, quiere pedir la cobertura y apoyo de los países latinoamericanos a su política de pacto de complicidad político-electoral con el narco.

Queda evidenciado que existen objetivos notoriamente distintos entre México y Colombia a la hora de anunciar que “la guerra contra el narcotráfico fracasó”.

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