AMLO al rescate

La policía utilizó el viejo recurso de la provocación: contrataron a personas para constituir el Bloque Negro y proceder a crear una situación de caos prolongado sobre la plancha del Zócalo

  • Con el piadoso pretexto de presentar su “más reciente libro”, Andrés Manuel López Obrador sale de su escondite para salvar a Morena y a la Presidencia en crisis de Claudia Sheinbaum.

Noviembre de 2025 fue el mes en que se quebró la credibilidad, la autoridad moral y la unidad interna del movimiento que él fundó y dejó en manos de Sheinbaum. Tanto el partido como el gobierno naufragan en la confusión y el desorden, interno y externo. La Presidenta apenas logra coordinarse con los líderes del Congreso, quienes, a su vez, tienen intereses e instrucciones que no necesariamente coinciden con los de ella. Es más, son recurrentes las burlas y la sorna con que muchos legisladores se refieren a Sheinbaum cuando hablan de su persona. La unidad interna de Morena es sólo de dientes para afuera. La humillación que sufrió el hijo del expresidente, Andy, a manos de operadores morenistas interesados en marginar su influencia y peso político, ha calado hondo y creado un ambiente de venganzas y rencillas en las cúpulas de ese partido. Las traiciones internas se han vuelto cosa de todos los días. El primero de noviembre comenzó con el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan y firme opositor a la política oficialista de pactar con el narcotráfico. Inmediatamente el gobierno acusó a sus guardaespaldas de ser los responsables del crimen, para “limpiar su propia imagen”, mientras el secretario de la Defensa declaró que la protección a Manzo “fue impecable”. Claro, sin reconocer que el sujeto ya estaba muerto. El asesinato de Carlos Manzo sacudió a la opinión pública nacional e internacional, y fue visto como un hecho en el que el gobierno estatal, morenista, tenía algo que ver. El suceso provocó manifestaciones en todo el país.

Ese crimen movilizó a la nación. La paranoia paraliza a los actores políticos o los lleva a cometer graves errores. El mayor, y más público, de esos errores fue la represión en el Zócalo el 15 de noviembre, cuando la policía capitalina recibió la orden de cargar contra los ciudadanos que protestaban por el asesinato de Manzo. La policía utilizó el viejo recurso de la provocación: contrataron a personas para constituir el Bloque Negro y proceder a crear una situación de caos prolongado sobre la plancha del Zócalo. Ese caos le permitió a las autoridades justificar el ataque contra ciudadanos que manifestaban su inconformidad con el gobierno. La intención de la represión era atemorizar a la población para que no volviera a protestar. El temor y la desconfianza, sin embargo, no abonan al buen gobierno. La presidenta quedó ante los ojos de muchos como represora de manifestaciones pacíficas. El deterioro de su imagen es evidente, por más que se publiquen encuestas compradas para mostrar una cara falaz de paz y consenso entre la población. La renuncia del fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, envuelta en una nube de rumores y acusaciones de encubrimiento a funcionarios clave de Morena y de funcionarios públicos por actos de corrupción hizo mella en la reputación nacional e internacional del gobierno federal. Ahondó la impresión entre inversionistas y ciudadanía de que se había quebrantado el Estado de derecho en México.

Adicionalmente, los ecos y campanas de alarma en torno a la reforma judicial siguen sonando. La Suprema Corte de Justicia de la Nación está rápidamente convenciendo a propios y extraños de que se ha desechado el criterio de “la cosa juzgada” y que los ministros están por abrir su apetito por venganzas políticas, volteando el criterio legal de cabeza. Ya no habrá certeza ni seguridad jurídica en México. Todo dependerá del juego político. “¡La ley al carajo!”, parece ser la nueva consigna.

Además de lo anterior que desincentiva inversiones en el país, está el dato oficial del estancamiento de la economía. No hay crecimiento. Esta situación pone al gobierno federal en una encrucijada: se reducen los ingresos fiscales cuando la economía se estanca, pero sus gastos crecen, especialmente por los programas sociales, el peso de la deuda y las pensiones. Junto con ello, el gasto corriente para los elefantes blancos improductivos que dejó AMLO, el Tren Maya, Dos Bocas, Pemex, AIFA, Mexicana de Aviación, llevan al país a la quiebra técnica.

Ante esta situación, AMLO parece convencido de que la situación se deteriora rápidamente y le toca venir al rescate de Morena y de Sheinbaum. Viene ahora, antes de que sea demasiado tarde. La pregunta es si él es capaz de ofrecer soluciones a los grandes problemas nacionales (inseguridad, violencia, economía estancada y corrupción) o si su intervención, con sus propuestas de siempre, ocasionará una crisis mayor y, finalmente, el derrumbe del grupo político que impuso en México.

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