Al-Assad en Moscú
El apoyo que representó el bombardeo de zonas urbanas con armas químicas fue lo que detonó una oleada de indignación internacional porque la fuerza aérea rusa, en apoyo a tropas sirias terrestres, bombardeaba poblaciones enteras.
Al-Assad y su padre dominaron la política de Siria durante 54 años. Gobernaron como una mafia, asociados a los más despiadados y crueles líderes de sectas religiosas y países de Oriente Medio. Traficaron drogas, armas y personas durante las 5 décadas que duraron en el poder. Crearon una policía política feroz que espiaba a sus opositores, los apresaba y los torturaba sin misericordia y, lo más relevante, sin un procedimiento legal de por medio.
Hoy, en los medios de comunicación fue publicada una entrevista con un preso político liberado anoche por las fuerzas insurgentes que tomaron la odiada y temida prisión de Saydnaya, ubicada en las afueras de Damasco. Declaró que, de no haber sido liberados hoy, mañana él y 54 camaradas más iban a ser fusilados. Confirmó que los fusilamientos eran un fenómeno rutinario en la cárcel, no algo esporádico.
Sucedía algo parecido en la otra cárcel, igualmente temible por sus carceleros violentos y sádicos, quienes vivían drogándose para cometer sus fechorías contra los presos, tanto mujeres como hombres. Esa cárcel se llama Tadmor. El científico especializado en inmunología por la Universidad de Harvard Bara Sarraj está por publicar su libro De Tadmor a Harvard, donde relata los nueve años que pasó viviendo en ese infierno.
Un informe de Amnistía Internacional, publicado en 2001, relató que “decenas de miles personas han sido objeto de sucesivas operaciones de detenciones masivas de presuntos miembros de organizaciones izquierdistas, integristas islámicas o nacionalistas árabes; miembros de grupos políticos kurdos o individuos participantes en actividades contrarias al gobierno y a su política. Centenares de ellos eran prisioneros de conciencia. A menudo se ha torturado a los detenidos mientras se encontraban recluidos en régimen de aislamiento absoluto respecto del mundo exterior durante meses o años y sin cargos ni juicio”.
Se piensa que habrán estado recluidos en la prisión de Tadmor unos 20 mil presos políticos, de los cuales murieron unos 11 mil entre 1980 y 1990.
Rusia se comprometió a apoyar el régimen de Assad desde el 2015 y estuvo presente hasta su huida de Siria el día de ayer, 8 de diciembre de 2024. Tanto Rusia como Irán eran los aliados internacionales más férreos del régimen dictatorial de Assad en Siria. Su apoyo principal consistió en asistencia militar, tanto en armas como en combatientes. A cambio, Rusia obtuvo permiso para construir una base naval en el Mediterráneo cerca de Tartús, lo que representó un avance estratégico contra Occidente en esa zona crucial.
El apoyo que representó el bombardeo de zonas urbanas con armas químicas fue lo que detonó una oleada de indignación internacional porque la fuerza aérea rusa, en apoyo a tropas sirias terrestres, bombardeaba poblaciones enteras con sustancias químicas, causando miles de muertes civiles. Rusia anunció que realizó más de 39 mil incursiones y abatió a más de 86 mil personas (definidas como terroristas, según las autoridades rusas) durante sus 9 años de intervención en apoyo al régimen de Assad.
Hoy, Moscú anunció que le dio asilo político a Assad y a su familia. Entre los líderes autoritarios no puede haber sorpresas. Lo interesante es que Assad prefirió asilarse en Moscú en vez de Teherán. Dice mucho acerca de dónde cree Assad que va el futuro próximo del mundo. Y quiere vivir con cierta seguridad personal.
Ahora vienen transformaciones en el Oriente Medio. El cambio de régimen en Siria representa un terremoto político para toda la zona. En primer lugar, representa una derrota al eje antiisrealí Teherán-Damasco-Hezbolá-Hamás-hutíes de Yemen. En segundo lugar, abre el espacio para que el Estado libanés pueda recuperar su hegemonía sobre el territorio nacional y avanzar a la reconstrucción de su bello país. En tercer lugar, Hamás tendrá la necesidad de llegar a un acuerdo de cese al fuego con Israel y replantear la forma de convivencia entre los dos Estados. El saldo de todo el sufrimiento deberá ser un acuerdo de convivencia. En cuarto lugar, es la oportunidad para que Siria pueda ser ese Estado nación que dé cobijo a su extraordinaria diversidad religiosa y cultural interna, entre árabes de diversa inclinación, cristianos, kurdos y los pueblos desérticos. Si prevalece la moderación y la tolerancia, Siria podría recuperar su esplendor e importancia de antaño.
