A la vista: una elección ilegítima
Ganar las elecciones, tomadas de las manos del narcotráfico y los militares, es introducir a México en una era de ingobernabilidad y caos
Las políticas públicas de López Obrador han pavimentado el camino que lleva a México a una elección ilegítima. Parece un sinsentido para el Presidente ese camino que lleva a descalificar la elección presidencial que quiere ganar, sí o sí.
Hemos relatado antes los indicios de este proceso conducido por López Obrador para imponer a su candidata en la Presidencia de la República.
1. La campaña desde la mañanera para descalificar sistemáticamente a la oposición.
2. El gasto a raudales de dinero ilegal para la campaña de Claudia Sheinbaum.
3. La compra de encuestas sistemáticamente.
4. El uso ilegal de los servidores de la nación para obligar a los beneficiarios de los programas sociales a que voten por Sheinbaum. La presencia de militares se impone.
5. La descalificación sistemática de los medios críticos al gobierno, cuando al mismo tiempo ha copado las televisoras para sus mensajes (Claudia usa las televisoras, Xóchitl usa las redes sociales: he ahí uno de los modernos campos de batalla electoral).
6. Y, por último, el pacto del Presidente con el narcotráfico como aliado en tierra de Morena para intimidar, amenazar y matar a los candidatos de oposición, al mismo tiempo que postula sus propios candidatos a diputados locales, federales y al Senado.
Hoy estamos a 8 de enero. En tres días fueron asesinados cuatro precandidatos por el crimen organizado. Así empieza el año. Estos crímenes confirman la eficacia de la estrategia electoral diseñada en Palacio Nacional y transmitida por los conductos partidistas de Morena hacia los “actores pertinentes” para que actúen con total impunidad. Con ese promedio de cuatro asesinados en ocho días, ¿qué podemos esperar?, ¿13 asesinados cada mes, de ahora y a junio?, ¿65 asesinados o más, como tributo al pacto Presidente-narco para ganar las elecciones? A todo esto se suma la crisis interna de los órganos constitucionales encargados de conducir el proceso. La aparente tibieza de las presidentas del INE y del TEPJF para sancionar al Presidente y su permanente intervención en el proceso electoral, contraviniendo la ley o para controlar el descontrolado gasto de Sheinbaum en su campaña, no augura nada bien para la credibilidad de los resultados electorales.
Finalmente, cabe preguntar, ¿dónde está Sheinbaum? Porque es contra ella, y su supuesta victoria, con la que se va a cargar la sociedad mexicana cuando llegue el momento de su imposición como presidenta, y cuando la falta de credibilidad y legitimidad de los resultados electorales hace evidente el fraude electoral que se está cometiendo a su favor. Ganar las elecciones, tomadas de las manos del narcotráfico y los militares, es introducir a México en una era de ingobernabilidad y caos. Es romper el régimen constitucional que nos rige por consenso de las y los mexicanos. El único marco de referencia que haría viable y funcional un gobierno bajo en esas condiciones es con el ejercicio indiscriminado de la violencia contra la oposición y la sociedad civil.
Esa situación hará inviable la permanencia de México en el T-MEC, al ser un país que destruye su propio orden constitucional interno, que es la piedra fundante que le permitió acceder a ser socio de ese acuerdo tripartito de libre comercio. El consecuente desorden económico que eso provocaría es inimaginable. De hecho, la participación y la credibilidad de México en organismos internacionales parte del reconocimiento al orden constitucional estable y respetable que ha caracterizado a nuestro país.
López Obrador y Sheinbaum podrán reprimir violentamente a las protestas que su fraude electoral provocaría en todo el país, encarcelando a los opositores y creando un régimen cívico-militar, aliado al narcotráfico. Pero nunca, absolutamente nunca, podrán borrar el estrago de la ilegítima ruta impuesta a México, destruyendo el orden constitucional.
