La senda equivocada
El problema del paquete fiscal va mucho más allá de los impuestos que pretende cobrar. Si ese fuese el problema, la discusión y debate se centraría en la responsabilidad de los ciudadanos por atender la obligación de aportar su parte para el desarrollo de la nación. ...

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
El problema del paquete fiscal va mucho más allá de los impuestos que pretende cobrar. Si ese fuese el problema, la discusión y debate se centraría en la responsabilidad de los ciudadanos por atender la obligación de aportar su parte para el desarrollo de la nación. Y, seguramente, habrá quienes opinen que es más importante una visión de gasto que otra, lo cual serviría para ahondar en discusiones.
En realidad, el culpable de que se haya enredado tanto el debate fiscal es la impericia y mal manejo que ha hecho el gobierno de la economía en este año. Aunado a un factor político: la alarmantemente baja popularidad del presidente Peña. Sumando estos dos elementos, podemos ver el grave error que ha cometido el gobierno federal: tratar de resumir todo su proyecto sexenal en 120 días, usando las palabras del propio Presidente, cuando el “bono presidencial” se acabó hace rato.
El Pacto por México murió. No se ha anunciado su muerte por razones políticas, pero es así. Murió cuando algunos de sus actores se dieron cuenta de que se negociaba con unos contra otros, creando una supuesta divisa sobre “la desunión dentro de la unión”. La credibilidad para avanzar en propuestas que se tuvieron en un primer momento fue desvaneciéndose conforme cada fuerza proponía su proyecto, en vez de ofrecer un único proyecto inicial. Tres proyectos de reforma fiscal, tres proyectos energéticos, tres proyectos de reforma política. Y, finalmente, lo que sale aprobado son modelos deformados que no responden al proyecto original de ninguno.
Es decir, no hay una propuesta coherente de nación, sino la oferta “de lo posible”. Y no es que crea que la negociación sea mala o perversa. No. El problema es que no hay una visión estructurada de lo que el país requiere y demanda de quienes, con mandato constitucional, nos gobiernan. Y menos si administran la economía de mala manera. La perspectiva de crecimiento de nuestra economía oscila entre -1% y1%. Y es una economía que aún no toca fondo. Es decir, el próximo año promete ser un año de nulo, o casi nulo, crecimiento, cuando la administración pasada le entregó al Presidente una economía en crecimiento. Si los factores fuesen externos, se podría justificar la desaceleración que causó recesión, sin recato alguno. Pero no es así. Porque los culpables son factores primordialmente internos, y principalmente debido a que el gobierno federal no supo administrar el presupuesto federal. Sin duda pensaron hacer una maniobra política con el dinero, pero les falló el cálculo, y ahora ese “pequeño gran error” lo pagamos todos los mexicanos.
Cuando el presidente Peña anuncia, ante empresarios extranjeros, que “este es un buen momento para invertir en México”, la frase causa confusión. ¿Será que, debido a la desaceleración, se podrá comprar empresas mexicanas en el naufragio, o es porque el Presidente sabe algo que no ha compartido con nadie sobre futuras buenas expectativas? Fuera de esas dos razones, es difícil vender la marca México ahora, pasado el Mexican moment.
El México actual es un país en el que no hay cuentas claras. Ni sobre temas de seguridad y combate al crimen organizado ni sobre la economía. Opacidad en seguridad y economía simplemente es inadmisible. ¿Cómo es que ya no pueden hacerse números sobre muertes por crimen organizado, sin ser despedido de los medios de comunicación? Es más, ¿por qué lo aceptan los medios? ¿Qué está pasando en México?
Todo este trasfondo, o telón de fondo, es lo que hace que la reforma fiscal enfrente a la sociedad, y que las reforma política y la energética naufraguen. Del ambicioso programa del Pacto por México, rozagante y feliz, el país nada en el desánimo y percibe a un cuerpo de legisladores que, en aras de negociarlo todo, resultan incompetentes para convencer a los ciudadanos de las bondades de sus logros. Se dice que, de los 500 legisladores, más de 400 de ellos tienen ligas con empresas constructoras, por lo cual orientan sus decisiones en función de sus intereses económicos particulares.
México viven en el peor de los mundos, pues padece una crisis de legitimidad de sus instituciones, en medio del acoso, cada día mayor, del crimen organizado y la recesión económica. La baja popularidad presidencial es testimonio adicional de ello. Cuando los legisladores demuestran incapacidad por generar consensos con sentido, entonces el país va por la senda equivocada.
Twitter: @rpascoep