Reflexiones sobre la cumbre Trump-Xi

Entiendo que estamos acostumbrados a las visitas de Estado, a las alfombras rojas y a las cumbres que prometen mucho con cientos de protocolos en antelación. También, entiendo que los mandatarios necesitan realizar visitas oficiales o visitas protocolarias para cerrar acuerdos. Se entienden las cuestiones diplomáticas y políticas . En todo hay intereses. Las visitas entre delegaciones y mandatarios pueden servir para aliviar relaciones, mejorarlas o llevarlas a un punto histórico de cooperación-amistad. Todo es una estrategia. En algunas ocasiones, se necesitan más que visitas o preacuerdos. En otras, ceder bajo una forma en la que, aunque no se reconoce un error, se busca por todas las vías recuperar el diálogo para negociar con la otra parte.

Ante esto, me acordé de la tan esperada cumbre Xi-Trump en Pekín. Es el principal tema internacional que promete mucho, genera grandes expectativas, pero que el resultado final no queda definido del todo. Las coberturas mediáticas y los reportes de los medios de comunicación resultan más interesantes que realmente lo que se puede concretizar a nivel gubernamental. Sinceramente, el desenlace en Pekín se aprecia limitado, pero con grandes elogios hipócritas por parte de EU y China.

Se comprenden los esfuerzos por sanar una relación bilateral que ha estado a punto de estallar en una guerra comercial con aranceles disparados hasta en casi tres dígitos. Sin embargo, me parece que se olvida al estar viendo la visita de Trump a China, quién realmente decidió enfrascarse en un conflicto sólo por querer buscar “negociar” con una gran potencia mundial bajo un estilo soberbio, déspota y poco diplomático. Trump, después de fracasar en sus intentos por doblegar a China en lo comercial e ideológico, tuvo que intentar reparar su daño al verse cara a cara con Xi el año pasado en Corea del Sur y establecer un diálogo para realizar una cumbre en la capital china. 

¿Cómo es posible que el hombre que sería fuerte con China e impondría devastadores aranceles, tuviera que recular, negociar y buscar una reunión con su gran rival comercial? Pues, así son las cosas en la nueva administración estadunidense cuando no salen bien los pronósticos y el mismo mandatario fracasa en sus amenazas. Especialmente, si las fricciones son con un país que no resulta ser sencillo en términos militares, políticos o económicos.

China, por su parte, decidió dialogar con EU. Las agendas se acomodaron. Una cumbre Xi-Trump en Pekín después de nueve años; 2017 quedaba lejano. La visita de Trump se programó para finales de marzo. Todo tenía que salir bien. El hombre más poderoso del mundo llegaría más fuerte a China al posiblemente lograr sus objetivos en Irán. Al pasar las semanas y alargarse la guerra con Irán, Trump tuvo que retrasar su visita a Pekín. Se reprogramó para mayo. Trump llegó debilitado a China. Su guerra en Irán lo ha dejado mal parado. Xi, por su parte, más que fortalecido, pero bastante preocupado por el tema del petróleo que compra a Irán y la crisis que se vive en el estrecho de Ormuz. La visita a China sirvió más para un tema económico y tratar de reabrir un mercado en China, que realmente un tema político. Se sintió más como una visita de relaciones públicas.

Llevar a una gran comitiva de empresarios y ser recibida con grandes protocolos diplomáticos dejó bonitas palabras que no sabemos si se capitalizarán en los próximos meses. 

No fue una mala visita, pero tampoco lo que Trump quiso presumir.