Nuevas tensiones entre EU y Cuba

El tiempo corre y no se llega a un acuerdo con Cuba. Las cosas se complican cada vez más para el pueblo cubano y el régimen de Miguel Díaz-Canel. Se agota la paciencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en torno a Cuba, después de que por meses se han ofrecido proyectos, dinero, inversiones y posibles salidas coordinadas para el longevo régimen de la Revolución. La frustración viene un poco por el diálogo sin resultados con los cubanos y los malos momentos que está sobrellevando el mandatario estadunidense con su campaña militar en Oriente Medio.  

La administración trumpista necesita desesperadamente una nueva victoria en política exterior después de no poder llegar todavía a un acuerdo con Irán. Lejos está una negociación que lleve a lo que quiere Estados Unidos. Irán no se ha doblegado. Le ha dado largas a su enemigo y ha provocado que se siga extendiendo un eterno alto al fuego sin resolver absolutamente nada. Ante esto, el perfecto escaparate es la isla cubana. Un país cercano a las aguas de Florida. Un país conocido por su historia revolucionaria, dictadura, ideología política y gran naturaleza caribeña.

Cuba es una isla que ha sido saqueada por los españoles, estadunidenses y una familia que todo mundo sabe sus apellidos: Castro Ruz.

Desde 1962 hasta la fecha, dicha familia junto con sus más allegados han gobernado un país que si bien cuenta con un bloqueo estadunidense y enfrenta grandes dificultades, no tendría que estar en las actuales condiciones que se encuentra. Es ridículo. Es insostenible. Pareciera que el modelo comunista cubano ha llegado a su clímax. No ha existido una diversificación o una evolución que permita al actual régimen cubano seguir en pie. Y, si le sumamos lo que ha venido sucediendo desde principios de este año, entonces el régimen se está asfixiando sin contar con casi lo único que lo mantenía a flote: el petróleo que importaba o se le “regalaba”. Su producción interna es mínima para poder echar a andar un país completo.

Estados Unidos, por su parte, fue inteligente al cortar todo suministro petrolero a Cuba. Una sola orden ejecutiva presidencial hizo que Cuba dejara de recibir petróleo del exterior. Desde ahí,  aunque el régimen de Díaz-Canel ha suplicado, pedido a la ONU, implorado a sus aliados y denunciado internacionalmente a EU, el bloqueo petrolero no se ha levantado. 

Las consecuencias se están viendo cada vez más en las últimas semanas: apagones de más de 24 horas en La Habana y la pérdida de las necesidades más básicas están provocando un cansancio en todos los sectores del país. 

Cuba se ha acercado a Estados Unidos. El diálogo existe. La necesidad se extenúa por cada mes que pasa. La presión se agrava. 

El nieto de Raúl Castro se reúne con funcionarios de Trump. Se ven fotos y se sabe de las negociaciones, pero no se llega a mucho. La isla no quiere ceder.

La CIA, por su parte, se sienta a leerle la cartilla en La Habana a las autoridades cubanas. Al igual, para meter más presión todavía, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, imputó al exlíder cubano Raúl Castro, al acusarlo con siete cargos, los cuales podrían llevarlo a una cadena perpetua o una pena de muerte si es detenido por el gobierno estadunidense.

Las tensiones han crecido tanto entre ambos países, que el portaaviones estadunidense Nimitz arribó a las aguas caribeñas arrojando un gran saludo a la isla de Cuba.

Las opciones militares se le están presentando a Trump. Necesita un chivo expiatorio. Cuba será el próximo.