Tiempo de traidores y cobardes

Prefieren ver arder a México antes de abrir el diálogo.

Son tiempos de caos. De traidores y cobardes. De personas que prefieren comprometer sus ideales y su conciencia con tal de recibir migajas de pan, ser exonerados de sus pecados o simplemente para ser parte del equipo “ganador”.

A estos cobardes no les interesa el esfuerzo que los mexicanos han tenido que hacer para transitar a la democracia ni tirar a la basura los pesos y contrapesos que se crearan —entre todas las fuerzas políticas— justamente para evitar lo que hoy está ocurriendo.

Su ideología no les permite ver que la eliminación de los organismos constitucionales autónomos ni la unificación de los tres Poderes de la Unión en una sola voluntad va en contra de lo que hemos buscado en el último medio siglo, y sólo traerá oscuridad a nuestro golpeado México.

Son traidores que le dan la espalda a los ciudadanos que, aunque puedan pensar diferente, sólo quieren un mejor país para ellos y para sus hijos.

No se trata de mantener privilegios ni abusar de los menos afortunados, simplemente no queremos una dictadura para nuestro país.

Pero es desalentador darnos cuenta que, ante la postura totalitaria, es fútil argumentar. Para ellos, los que piensan que se les dio la llave para hacerse de México, se trata de un juego de suma cero. Parte de su narrativa es que los que ahora somos oposición nunca escuchamos y por eso ahora ellos tampoco lo tienen que hacer.

No hay espacio de negociación ni de diálogo, pues no se acepta que una visión común, la que siempre se ha promovido, pueda crear algo mejor.

Es puro resentimiento decantado que para ellos nos convierte en enemigos, no adversarios. Sienten que es su turno. Pero no de trabajar por el país, sino de aprovecharse de aquel ente que llaman “pueblo”, pues —equivocadamente— asumen que ese era el objetivo de la ahora oposición.

Y si bien prácticamente no hemos mejorado en nada como país en los últimos seis años —más que en una ilusión de disminución de la pobreza, cuyos resultados a largo plazo se tendrán que probar—, se sienten legitimados para crear el marco constitucional que asegure la continuidad del proyecto.

Por esos cobardes y traidores a México es que ahora transitamos a un Estado totalitario que supera al régimen priista. Que busca pisotear los derechos humanos y transformar el débil Estado de derecho en una herramienta para usarse por los ricos y poderosos. Ya lo dijo el Presidente, “al diablo las instituciones” y “no me vengan con que la ley es la ley”.

Justamente así, dando una sobrerrepresentación a Morena y a sus aliados es como perdemos nuestra democracia, construida —irónicamente— por los que ahora la rocían con gasolina y prenden la llama como masas enardecidas que bajo los conceptos de “pueblo” y “soberanía” pierden su propia conciencia para actuar como herramienta de los opresores. Prefieren ver arder a México antes de abrir un espacio de diálogo.

Los empresarios deberían alzar la voz, pero guardan un cómplice silencio. Las entidades internacionales no han logrado mucho en los últimos tiempos.

Por eso, el último frente en esta batalla por nuestro futuro son los ciudadanos libres. Siempre lo han sido. Se necesitan sumar todos los sectores. Los estudiantes serán clave. También las organizaciones civiles. La indiferencia es nuestro talón de Aquiles.

Parece que la resistencia civil y pacífica es el único camino para salvar a México de esos tiranos que han logrado engañar a los mexicanos, como lobos vestidos de ovejas. No queda mucho tiempo.

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*Maestro en Administración Pública

por la Universidad de Harvard

y profesor en la Universidad

Panamericana

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