Sobre la Batalla del Carrizal y Estados Unidos

No podemos negar que la relación de México con Estados Unidos nunca ha sido fácil. Tampoco, que es el aliado natural y el socio estratégico más importante que tiene nuestro país, en todos los aspectos: económico, social, en seguridad, etcétera. Desde el comienzo de ...

No podemos negar que la relación de México con Estados Unidos nunca ha sido fácil. Tampoco, que es el aliado natural y el socio estratégico más importante que tiene nuestro país, en todos los aspectos: económico, social, en seguridad, etcétera.

Desde el comienzo de la administración del presidente López Obrador el gobierno no ha mostrado sino una estrategia torpe y débil —por decir lo menos— con aquel país. Un fiasco tras de otro, en lugar de capitalizar el potencial que pudiera generar una Norteamérica fuerte.

Es el mismo caso de la Cumbre de las Américas, donde México es el único país relevante cuyo mandatario no asistió, y lo peor es que fue por un berrinche poco justificado: que las dictaduras regionales fueran invitadas. No para reprocharles su régimen antidemocrático o la violación a derechos humanos, sino porque son “cuates”.

Como dijo Winston 

Churchill, “cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás”. De ahí que venga a cuento la Batalla del Carrizal, uno de esos episodios que la historia oficial ha decidido olvidar, pero que estamos a días de conmemorar.

Los hechos ocurrieron en 1916. México estaba saliendo de una severa guerra civil y Francisco Villa incursionó en territorio estadunidense para atacar al poblado de Columbus, Nuevo México, tal vez en venganza porque aquel país le había quitado su apoyo.

Al gobierno de Estados Unidos, presidido por Woodrow Wilson, no le pareció que un ejército extranjero entrara por sus fronteras —usualmente es al revés—, por lo que el general John J. Pershing, jefe de Armas en El Paso, Texas, comenzó la persecución por territorio mexicano del Centauro del Norte, en lo que se conoce como la Expedición Punitiva.

La situación obligó a que el presidente Venustiano Carranza les pidiera a los estadunidenses no proseguir, petición que cayó en oídos sordos.

El ejército invasor, creyendo que Villa podía encontrarse en El Carrizal, Chihuahua, se movilizó a ese poblado, sin embargo, las fuerzas constitucionalistas mexicanas lo interceptaron el 21 de junio de 1916, y tras darle un nuevo ultimátum para que no continuara hacia el sur, se enfrascaron en batalla.

Después de años de guerra interna, en El Carrizal la población civil se unió para apoyar a su ejército. El resultado, en contra de todas las probabilidades, fue la victoria de la nación mexicana.

Con ese triunfo, el enemigo no pudo continuar su incursión y, después de negociaciones diplomáticas, abandonó nuestro territorio.

Han pasado más de 100 años desde aquella heroica batalla, y en ese tiempo México y Estados Unidos han cambiado. Evolucionado. Hemos logrado dejar ese accidentado pasado para convertirnos en socios estratégicos.

No es sólo que el 80% de nuestras exportaciones van a aquel país. Ni que ahí viven 36 millones de mexicanos.

Ahora sabemos que el mejor aliado que puede tener nuestro vecino del norte para hacerle frente al dragón asiático es  México. Y debemos capitalizarlo.

Es hora de dejarnos de ver como una República bananera y empezar a trabajar con Estados Unidos en el futuro, con una visión de Estado, en donde se abordan los problemas regionales de forma común y en beneficio de las dos naciones.

Claramente, con el gobierno de López Obrador, como en —prácticamente— todos los demás temas, vamos en sentido contrario.

               *Maestro en Administración Pública

               por la Universidad de Harvard

               y profesor en la Universidad

               Panamericana.

               Twitter: @ralexandermp

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