Si gana Claudia

A partir del 3 de junio va a ser alguien más quien va a mandar.

Después del primer debate entre las candidatas por la Presidencia de la República —y el candidato de MC, que es un mal chiste—, el mandatario mexicano le mandó un fuerte mensaje a Claudia Sheinbaum a través de Rayuela, del periódico La Jornada, donde le reclamaba por no defender a su gobierno y exigía que se hablara más de los “logros” de su movimiento, la —autodenominada— Cuarta Transformación.

Realmente nadie sabe a ciencia cierta cómo se visualiza el Presidente después de dejar el gobierno el 1º de octubre de este año, pero difícilmente será en una posición de silencio y respeto desde La Chingada, su rancho en Chiapas. Simplemente no es su estilo.

Sin embargo, si algo nos ha enseñado la historia de nuestro país —la cual dice conocer el mandatario— es que si su delfín, Claudia Sheinbaum, llega a la silla presidencial, esa posición de servilismo y lealtad absoluta hacia su mentor terminará de un día para otro.

La que va a mandar, a su estilo, es ella. Y quien ahora estaría enviando mensajes es la presidenta a su maestro para que se mantenga a raya y fuera de la política nacional, y no esté interfiriendo con su gobierno. Si no lo hace de forma tajante desde un principio, le costará demasiado.

Lo cierto es que, si gana Claudia, su gobierno será muy diferente al actual. Seguramente no gozará de esas mayorías parlamentarias, y ciertamente no generará tal empatía con el pueblo, por lo que necesitará legitimarse, y qué mejor manera de hacerlo que con resultados reales y un par de golpes de timón. También tendrá que cobrar cuentas por pagar, antes de que le pasen a ella la factura.

Seguramente, muchos de los funcionarios que se hicieron groseramente ricos y que piensan que bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum sus excesos continuarán de la misma manera, se están equivocando. Su equipo de trabajo será totalmente diferente y ella no se identificará con los funcionarios tabasqueños que gozaron del favor real e impunidad por seis largos años.

En el fondo, Claudia se tendría que sacudir todo lo podrido que le pueda traer problemas. Ella ya tiene varios muertitos bajo la alfombra y no se va a hacer responsable de los de su padre político, cuando aparezcan.

Históricamente, ninguno de los presidentes del México moderno lo ha hecho. Ignorarlo sería simplemente un error.

Es más, es muy posible que cuando se destape la cloaca de todo lo que hicieron los primos y amigos de los hijos de López Obrador, Claudia tendrá que tomar medidas extremas, pues sus plumas no son como las de López Obrador, que no se manchan, aunque pase por el pantano.

Por eso, el presidente López Obrador debe entender que pase lo que pase, haga lo que haga, su momento ya acabó y que a partir del 3 de junio, va a ser alguien más quien va a mandar.

Ya nadie defenderá su indefendible legado de corrupción, crimen organizado y administración pública inexperta. Probablemente miembros de su familia tendrán que rendir cuentas ante la justicia. Y él simplemente estará en la historia. En una parte negativa de ella.

Eso es lo que pasará si ella gana. Y si pensaba lo contrario, está muy equivocado.

*Maestro en Administración Pública

por la Universidad de Harvard

y profesor en la

Universidad Panamericana

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