Es claro que el país no marcha por el camino que debería. La sangre corre por las calles. El sistema de salud pública está más deteriorado que nunca y el abasto de medicinas ha caído dramáticamente. La economía ha crecido en promedio uno por ciento en lo que va del sexenio. Y lo peor es que nuestras autoridades se sienten irresponsables de lo que ocurre. Culpan al pasado y guardan silencio ante la flagrante corrupción.
Frente a eso, las instituciones –supuestamente autónomas– guardan silencio, por miedo a la ira presidencial o por conveniencia. Basta ver al fiscal general o a quien fuera el presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, para confirmarlo.
Por eso, en realidad, la única herramienta que tenemos los ciudadanos para cambiar de rumbo es el voto. De poco sirve quejarse si no ejercemos ese derecho, que también se vuelve una obligación.
El proceso electoral 2023-2024 ya empezó. Se espera que participen cerca de 95 millones de mexicanos y se jugarán gubernaturas, senadurías, diputaciones y la joya de la corona, la Presidencia. Serán las elecciones más grandes de la historia de México.
El día de la elección es el domingo 2 de junio de 2024 (hay que agendarlo). Esa es la fecha en que millones de mexicanas y mexicanos podremos acudir a las urnas o a buscar un país del que nos sintamos orgullosos o a ratificar un proyecto fallido, como lo ha sido la Cuarta Transformación.
El panorama es preocupante. Parece que a los mexicanos nos gusta quejarnos, pero no votar.
En las elecciones de 2018, la lista nominal fue de 89.12 millones de personas, sin embargo, solamente votaron 56. Es decir, 32.51 millones de ciudadanos –o el 36.5% de la lista– dejaron en manos de alguien más la decisión. En otras palabras, el presidente López Obrador fue elegido por una mayoría menor que las personas que no fueron a votar.
Otro ejemplo es el proceso electoral del Estado de México del año pasado. Ahí el abstencionismo fue de 50.12% y Delfina Gómez quedó electa por una mayoría de 8.3 por ciento respecto de su contrincante.
Por otro lado, existe un enorme universo de posibles votantes en el extranjero. Según cifras del Instituto de Mexicanos en el Exterior, para 2018, en Estados Unidos residían 17.5 millones de mexicanos en edad para votar –la mitad de los que votaron por López Obrador–. No obstante, la lista Nominal de Electores Residentes en el Extranjero en ese año se conformó por tan sólo 181 mil 873 ciudadanos.
No hay pretexto. Todavía hay tiempo de actualizar o sustituir la credencial para votar. Para los que estamos en México, la fecha límite es el lunes 22 de enero. No se necesita hacer cita y el INE ha dicho que, si estás en la fila, te van a atender. Por otro lado, las personas que viven en el extranjero tienen hasta el 20 de febrero para realizar el trámite de la credencial para votar.
¿Sabes quién si va a salir a votar? La red clientelar del gobierno. Esos ciudadanos que son amenazados con que van a perder su ayuda social si no ratifican al gobierno que los oprime. Y sabemos que nuestras autoridades están dispuestas a todo para mantener sus privilegios y asegurar impunidad.
Tenemos que sacudirnos la apatía. Lo que está en juego es nuestro futuro. En el fondo, lo más importante es que, si hemos decidido vivir en democracia, seamos justamente nosotros, los ciudadanos, quienes escojamos libremente el futuro del país y, para eso, debemos asegurarnos de salir a votar.
*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana
X: @ralexandermp.
